Errores

“Errar es de humanos”, dice la tradición oral. O algo parecido. Debe ser verdad, porque esa misma tradición, como muchas otras, es un error: los demás bichos también erran.

Se me ocurre como ejemplo aquella idea de hace ya unos años –y que tanto me prestó- de la elección de hábitat maladaptada. Básicamente consiste en que tal o cual bestia, en su devenir vital, decide asentarse en tal o cual valle verde, de aspecto idílico y sobrante de recursos. Pero luego la bestia falla en su intento de reproducirse, o incluso de sobrevivir, porque ese valle escondía alguna trampa. Y esas trampas maladaptativas, dicen, están generalmente asociadas a perturbaciones humanas, que las bestias no han aprendido a reconocer. No las han incorporado a la batería de decisiones adaptativas – aquellas que conducen a mayor supervivencia de la especie – por la súbita escalada de violencia humana.

Pero me estoy desviando de la idea inicial, ni que fuera eso un problema. La idea inicial era destacar que existen muchos tipos de errores. Y que hay gente que se dedica a estudiarlos y clasificarlos. Hasta hace unos días, me había quedado en que, en un ámbito formal, académico, había dos tipos de errores. El I y el II. Ya, se podían haber currado los nombres un poco más, si, pero no lo hicieron; viviremos con ello. Esos errores se refieren a como la embarramos alrededor de una hipótesis planteada. “El Sol sale por Antequera”, y tras un diseño y análisis experimental concluimos erróneamente, que no, que no sale por Antequera (tipo I). O bien, tras otro diseño y análisis experimental concluimos, erróneamente, que si que sale por Antequera (tipo II).

Pero como se demuestra a diario, hay mucho más ahí fuera, hay más tipos de error clasificados. Gracias a un tuit (como cambió el cuento, Caperucita) de @resilienceSci, descubrí el error de tipo III, usado en teoría de sistemas: resolver el problema erróneo, hacerse la pregunta incorrecta. Y me pareció especialmente apropiado a diversos aspectos de los tiempos que corren. Por parsimonia y sesgo, me voy a la gestión ambiental para ilustrarlo. Diría yo que en España abundan los errores de tipo III en las decisiones de actuación ambiental, en cursiva por el ardor que me produce el propio concepto.

Es un error de tipo III desbrozar matorrales que forman parte de la vegetación nativa para evitar incendios; es un error de tipo III matar predadores sin cuidar a las presas. No es un problema para la industria pecuaria la existencia de, por ejemplo, lobos; el problema es la mortalidad de las ovejas. Y no, no son el mismo problema, ni mirando de lejos. Y también es error de tipo III actuar sobre la Naturaleza cuando, para lo que va a servir, estaríamos mejor leyendo un libro, trasegando un malta sencillo, o ambos.

Me doy cuenta de que con esto del tipo III acabo de encontrar una formula de referirme a ciertos descalabros controlando los caballos. Ni tan mal entonces.

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