Causas de incendios y números

Mario Quevedo, en Cantabricus
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Es bien conocido que Jim Morrison era un incendiario; a qué fin si no repetía aquello de Come on baby light my fire; try to set the night on fire. Es posible que esa manía incendiaria motivase a su vez los excesos con el organillo de su colega en The Doors. Nunca lo sabremos.

De incendiarios está el aire lleno estos días en el NO de España, y en Portugal. Una oleada de incendios que no es “otra”, ya que mayormente quema sobre quemado, con efectos aditivos. Y durante la ola de incendios, las opiniones florecen. Muchas no son más que meras liberaciones de tensión, y merecen la justa atención. Otras, por apoyarse en números, deberían acarrear más peso. Ya sabéis, dicen que lo números no mienten. Tampoco lo sabremos nunca, porque no hablan. Las que hablan y aciertan, erran o mienten son las personas que los interpretan.

Una de las frases que he leído más habitualmente estos años de atrás es cualquier variación del tema “un XX %  de los incendios son provocados para generar pastos”1; ese porcentaje varía en lo que yo haya visto entre un 60 y un 80%. De ahí prosiguen interpretaciones habituales de que el XX% de los fuegos se origina por  intereses agropecuarios.

Esos números son los más fiables que tenemos de momento. Los generan unas brigadas de investigación de incendios que, con protocolos y métodos conocidos, llegan a determinadas conclusiones sobre el origen de los distintos fuegos. También te dicen la superficie quemada, y si esa superficie estaba cubierta por árboles, matorral, o vegetación herbácea. Por eso podemos saber con datos públicos que entre 2008 y 2016 el 98% 85 ± 5 % de la superficie quemada en Asturies eran matorrales. Buscando “incendios” en el portal SADEI os lleva en dos clicks a los datos; no los enlazo directamente porque temo que la localización no sea permanente.

También podemos ver en datos públicos (aquí, por ejemplo) la distribución de causas asignadas a los incendios. Y dicen los que trabajan esos números, por ejemplo, que los incendios causados por rayos son menos del 1%. Dicen también que en Asturias la mayoría de los incendios son provocados por razones agropecuarias. No incluyo porcentaje porque la variación del mismo es amplia dependiendo de la fuente y del periodo de análisis.

Sin embargo, hecho en falta más información para interpretar la causalidad mayoritaria de los fuegos en Asturies. Especialmente cuando pienso en grandes superficies quemadas sobre paisajes que conozco mejor, y donde no veré pastos en los  días de mi vida.

¿Por qué no me basta la información de arriba? Porque aunque sabemos que Jim Morrison le pedía a baby que prendiera fuego, no sabemos la superficie que llegó a quemar.

Los incendios varían muchísimo en superficie quemada, desde los conatos de menos de 1 ha a los monstruos de estos días. Así, es posible con los datos públicos a los que tengo acceso afirmar que un XX% de los incendios los provocaron personas con determinados intereses, dados los métodos de investigación. No es posible en cambio decir que el YY% de la superficie quemada lo fue por esos intereses. El 80% de los  incendios no tiene por qué suponer el 80% de la superficie quemada.

Entiendo que las personas responsables de recopilar y trabajar esos datos pueden precisar la superficie asignable a unas y otras causas. Es posible además que eso esté publicado por ahí, en cuyo caso si alguien me avisa actualizo esta entrada. Lo que no entendería es que, si esa información está disponible, no se publique, a fin de sustituir opinión y tertulias por interpretación informada de números.

Notas, referencias:
[1] Deberíamos discutir en otro momento si quemar genera pastos que merezcan tal nombre, o simplemente vegetación herbácea efímera. Abordado de forma somera aquí.

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Novedad: la política manda en conservación

Mario Quevedo, en Cantabricus
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Precisamente ayer comentaba con amigos que no saco fuerza últimamente para escribir aquí, por las razones que sean. Los amigos rápidamente ilustraron, como no puede ser de otra forma, cuan preocupante les parecía el hecho, procesando otro frito de bacalao, y mencionando la suave textura del rebozo.

Sin embargo, nada como un discurso del Presidente del Gobierno de Asturias en la Universidad de Oviedo, en la que trabajo, para darme cancha. No se debe esperar gran cosa de estos discursos, pienso yo, más allá del tono de mitín campañero permanente, y los lugares comunes, ajustando cuentas con el mundo. Por eso me pasan siempre desapercibidos. Pero hoy les leo a mis vecinos de Geotrupes – gentes bravas donde las haya, que defender la naturaleza y la ciencia en Asturias es deporte extremo – que el Presidente del gobierno regional reutilizó en la Universidad un clásico en su repertorio: “la elección de cuánta naturaleza proteger es una decisión política, no científica”. Y enlaza Geotrupes a la prensa, que al parecer informa sobre el discurso.

Política de nivel, Yes we can. Creo que están a punto de sustituir aquellas citas de Luther King soñando por estas de Javier Fernández.

Dos aspectos me llaman especialmente la atención. Por un lado, que alguien de tal responsabilidad utilice el tiempo que le asignan en público para proferir obviedades sin recorrido. Por otro, que el Presidente y sus asesores decidan usar el estrado de la Universidad para cagarse en la ciencia. Que ya lo hacen desde hace mucho, omitiendo por ejemplo un plan regional de investigación y convocatorias asociadas de ciencia básica, es conocido. Pero ahora aprietan el acelerador. Pensándolo mejor, prescindo del plural; un Presidente tendrá quién le escriba los discursos, pero si los lee, son suyos.

Ilustro en cualquier caso la obviedad, solicitando del Presidente más coraje. Le propongo que la próxima vez diga algo así como:

la decisión de lo que se previene médicamente es política, no científica

Porque eso también es una obviedad, y es actualidad (no noticia) en Asturies. Presa de un imán en mi frigorífico descansa un papel recibido en la penúltima visita al pediatra de la Sanidad Pública (profesional al que agradezco su labor y su talante; los guajes van hasta contentos a por las vacunas). Dicho papel enuncia:

Información para las familias sobre la vacuna contra la MENINGITIS B

Las mayúsculas vienen en el original, que cuenta que dicha meningitis es

enfermedad infecciosa muy poco frecuente pero muy grave, que produce secuelas importantes y una mortalidad que ronda  el 10% (fallece 1 de cada 10 afectados)… Aunque nadie está libre de resultar infectado por el germen, la enfermedad principalmente afecta a niños pequeños y adolescentes, por lo demás sanos.

Hay mas información en el documento; está bien explicado, incluso cuando informa sobre el precio que tiene la vacuna en cuestión, no financiada por el Sistema Nacional de Salud.

El precio de venta al público es de 106,15 € por dosis. Por lo tanto, la vacunación completa de un lactante que inicie la vacunación en el primer semestre de su vida (4 dosis) supondrá 426,60 € en total.

Varias posibles lecturas. Una es que el ejecutivo astur no tiene potestad para incluir esa vacuna en su programa de vacunación. Tal supuesto restaría kilos de determinismo a la política de Fernández, tan potente ante el micrófono de la Universidad, ilustrando que no manda tanto y controla menos de lo que pregona. Otra posible lectura no la despliego, por obvia.

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No, Clarice; eso no potencia el medio ambiente

Mario Quevedo, en Cantabricus

Leo en prensa un par de titulares (uno aquí, otro aquí) sobre una remodelación del Gobierno de Asturias, en la que “Medio Ambiente” dejaría de depender de la Consejería de Medio Rural (quizás porque hay ambiente en otros medios), para integrarse como viceconsejería en, espera, espera, Infraestructuras (quizás porque crecen dientes de león bajo los viaductos). Bueno, cierto es que cambia el nombre de la nueva consejería a “Consejería de Infraestructuras, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente”.

Uno de los titulares incide en el nuevo reparto de competencias, nada nuevo bajo la niebla. El otro me llama más la atención, porque interpreta, o concede al gobernante, la intención de “potenciar Medio Ambiente”.

El que suscribe estaría encantado de contemplar tal potenciación de la política medio ambiental, aunque sólo sea porque soy padre, y la cosa me merece escanear el horizonte temporal. Pero no contemplo tal cosa. Me explico:

Por un lado, dice un amigo con mucha experiencia en esto de la gestión ambiental que la legislación ambiental española va por delante de la ordenación del territorio. Por tanto, esa ordenación territorial se debe hacer en base a normativa y objetivos de bien común ambiental. A partir de esa ordenación, bien ambientada ella, se decide qué infraestructuras son procedentes, dónde, y cuándo. Algo así como el inverso del nombre de la nueva consejería astur, o 1 / consejería.

Por otro lado, los nombres de las administraciones no dictan la política. Incluso si la nueva consejería llevase el “medio ambiente” por delante, no sería muy optimista, al comprobar que las personas implicadas son las mismas: idéntico máximo dirigente político, mismo subordinado del máximo dirigente (el consejero es un clásico del PSOE asturiano, al que no le conozco vocación ni competencia ambiental específica), similar organigrama de direcciones generales (basadas en cargos de confianza política – no ambiental – del máximo dirigente), y ningún incremento de recursos invertidos.

Ese incremento de recursos ambientales, ausente, demostraría una “potenciación de Medio Ambiente”: potencias la financiación disponible para incorporar personal que se ocupe de medio ambiente, potencias la financiación de programas de seguimiento y vigilancia de medio ambiente. Y si de paso potencias el cumplimiento de la normativa ambiental existente, te sales.

No, Clarice; en Asturies no se salen.

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Sobre intercambios demográficos en urogallos cantabricos

Mario Quevedo, en Cantabricus
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Recientemente salia publicado un trabajín en el que unos cuantos nos preguntábamos si los posibles núcleos locales de urogallos, al menos tal y como los percibimos los humanos, mantenían conexión efectiva entre ellos. La Oficina de Comunicación de la Universidad de Oviedo se hacía eco del trabajo, en español. Y Juanma Pérez de Ana traducía también el resumen.

Apunto aquí alguna cosa que seguramente quede difuminada en resúmenes, y más aún en las interpretaciones de los mismos en prensa, siempre mucho más rápida, inmediata. Y es que los resultados en trabajos de investigación son casi siempre progresivos; adiciones pequeñas al cuerpo general de conocimiento existente, no sustituciones del mismo. Incluso cabe perfectamente la posibilidad de que las adiciones sean incorrectas, y deban ser sustituidas tras el escrutinio o trabajo posterior. Siempre que pienso en estas cosas me vienen a la cabeza un par de fragmentos de Leonard Cohen (ojalá que su poesía me aceche siempre):

And love is not a victory march, it’s a cold and it’s a broken Hallelujah [El amor no es marcha victoriosa, sino frío y roto Hallelujah]

There is a crack in everything. That’s how the light gets in [Hay grietas en todo. Así se cuela la luz].

A lo que iba, que me atrapa la dispersión: los resultados se refieren a un área de estudio concreta, elegida porque desde que empezamos a arrimarnos por allí hace varios lustros (con Alberto Fernández, Bea Blanco y Adán Abajo, entre otros), nos parece que mantiene una dinámica distinta al resto del rango de distribución de la población cantábrica de feisanes. Elegida también porque para un proyecto como el que llevábamos entre manos no nos valían las ausencias: sin muestras no había resultados. Necesitábamos presencia suficiente de pájaros, no esporádica. Ese área de estudio, bien mapeada en la figura 1 de una publicación anterior de libre acceso, cuenta con una cobertura forestal muy superior a la de otras zonas altas de la Cordillera Cantábrica. Incluye además bosques mejor conservados, seguramente porque nunca han sido particularmente accesibles (esto merecería más vueltas, a ver si hay manera).

Por tanto, la línea esencial de “mantenimiento de flujo genético suficiente”, para afirmar que los bichos nacidos en determinados núcleos locales siguen viéndose – íntimamente – con los nacidos en otros núcleos, se refiere sólo a ese área de estudio, y a su paisaje. Se refiere a que los pájaros nacidos en Las Gallegas de Muniellos parecen poder llegar a L.leitariegos; que los pitos de Hermo llegarán a los altos del Alto Sil, donde encontrarán urogatsos.

Ni más ni menos. No dice, porque no puede, que el flujo genético entre núcleos locales haya sido y sea suficiente entre Hermo y Lena, entre Ponga y Sajambre, etc.

Sí me parece razonable extrapolar estructuras de paisaje y resultados, en el sentido de que trabajos como este sirven para decir algo así como “con esta estructura de paisaje, con este porcentaje de cobertura conservado, con estas distancias entre parche de hábitat a priori favorables, el flujo genético se mantuvo. Degrada más, y no estará garantizado”. Hasta que el siguiente trabajo confirme, enmiende, o invalide.

Sabemos además estos días alguna cosa más; podemos estos días empezar a poner números a esas distancias máximas de movimientos entre parches de hábitat de urogallos cantábricos. No obstante, esas partes del Hallelujah deben pasar todavía por las muelas, carniceras y correctoras, del escrutinio externo.

Hasta entonces, alón.

 

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