La barrera del idioma en conservación (y gestión)

Por Mario Quevedo, en Cantabricus
Tiempo estimado de lectura: 4 min

Esta entrada, corta, no será muy informativa; la preparo a modo de pregunta.

Llevo tiempo enganchado al concepto “perturbación”.

Supongo que será consecuencia de buscarle sentido ecológico al declive de la población de urogallos en la Cordillera Cantábrica. Al menos en parte, que nunca necesité mayor disculpa para despistarme y perder eficiencia. También puede venir la fascinación tras ver los aparentes efectos de las perturbaciones, naturales y antrópicas, en esos altos. En cualquier caso, arrancaba la mañana abriendo otra vez un libro que me aporta compañía en estos asuntos:

Lee E. Frelich, 2002. Forest dynamics and disturbance regimes: studies from temperate evergreen-deciduous forests. Cambridge University Press

Va el libro de bosques, perturbación, y el negativo de esta, la sucesión ecológica1. Va de bosques templados, mixtos, del noreste de Estados Unidos. Y aquí empiezo a ir al grano: por qué leer sobre bosques caducifolios de USA, y no de Iberia; o incluso por qué en inglés y no en español.

Lo del inglés es mera consecuencia de la proporción: el 95%2 de la información decente que encuentro cuando busco términos científicos está en gringo.

Lo de los bosques foráneos, foriatos que decimos en la tierra de los míos, también. Por la razón que sea, es mucho más fácil aprender sobre otros bosques que sobre los que uno ve por la ventana. Y eso lleva al difícil ejercicio de extraer lo que hay de común en los relatos de la perturbación americana, australiana etc.

Y es difícil porque los sesgos anidan en casi todos. Me parece que tendemos a leer más lo que nos gusta, y a quedarnos especialmente con lo que nos interesa (una vez más apunto aquí al The Era of Management Is Over, y al The Art of Scientific Investigation).

Planteada la trama, dos preguntas:

1- ¿Existe en España un “refugio del idioma”? Entiendo el “refugio” como una barrera – permeable pero barrera al fin y al cabo – tras la que gestores, investigadores, charlatanes etc. escondemos nuestras agendas. De existir, explicaría al menos dos fenómenos habituales:

1.1, cruzar la barrera hacia el lado you treat me like a fool, bye bye daddy cool, y volver sólo con la parte preferida de los conceptos, con la esperanza de que la mayor parte de los receptores en el lado bien pagá, si tu eres la bien pagá3, decida confiar en el cronista y no prescindir de la barrera.

1.2, actuar en gestión de la conservación como si no existiese el otro 95% de la literatura del ramo, y como si el texto local de 1950 fuera la única sabiduría disponible. También en este caso con la esperanza de que el público no use Google Académico etc.

2- ¿Tiene arreglo? Esta pregunta es genuina. La anterior, por la prerrogativa de mi sesgo, admitirá en mi cerebro menos grados de libertad. Pienso por ejemplo con envidia en un medio que sigo desde hace unos años, The Conversation. En él encuentro, directamente y sin filtros ni intermediarios4, a los responsables de las investigaciones discutiendo los conceptos que practican (un ejemplo,  y otro, y un tercero,  de entre mis sesgos personales; podrás encontrar los tuyos). Por un lado recurre directamente a las fuentes, y por otro lado cuenta con personal que se ocupa del fact checking, de comprobar la veracidad de esas fuentes.

¿Podríamos tener algo así? Imagino que podría ocurrir una sucursal de The Conversation en España; académicos tenemos. Pero lo que pregunto es si podemos tener algo así en español. Ya sabéis, por aquello de la barrera.

Y es que “la barrera” parece dificultar el entendimiento y la gestión de asuntos tan importantes como la perturbación.

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Notas
1. Asunto que ya me flipó, entre la ingente necromasa del Begon, en los tiempos de estudiante de Biología, en los que solía flipar por asuntos mucho más próximos a las Humanidades…
2. Por decir algo; todavía no lo he calculado.
3. Hay muchas versiones; esta me parece especialmente buena. El daddy cool en cambio nunca fue bueno, pero tiene gracia.
4. No critico aquí ni propongo sustituir la divulgación o el periodismo: me gusten o no las noticias sobre ciencia, entiendo que es necesaria también esa capa de interpretación más o menos pública. Hablo de añadir servicios o modos de comunicación, no de sustituirlos.

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Millones de urogallos

Por Mario Quevedo, en Cantabricus

Estos días se me cruzan por las redes sociales muchos comentarios sobre los urogallos cantábricos. Parece que el incremento en frecuencia de clicks galleros se debe a un acto que tuvo lugar en Ponga, Asturies, en el que se hizo balance del proyecto LIFE vigente sobre urogallos.

Desconozco por qué el acto tuvo lugar en San Juan de Beleño; desconozco por qué participaron los que participaron, y no otros. Sólo he visto el terrible resumen que “ofrece” la televisión pública asturiana, al parecer también en peligro crítico. Y no voy a dar más vueltas a las acciones contempladas en dicho proyecto LIFE; no aportaría nada nuevo a contenidos previos de este blog.

Sí me pide el cuerpo no obstante dar alguna vuelta a algo que aflora repetidamente entorno a las noticias de gestión / conservación en los últimos tiempos*: los millones.

Los millones del LIFE. Todos esos millones que eran de todos y que se repartieron cuatro, para seguir viviendo del cuento ambiental.

Ese podría ser el estribillo común en las distintas versiones populares de la canción. Y, cuando lo oigo, me pregunto: ¿por qué tanta murga con los puñeteros millones?

Espera, antes de crujirme, déjame afinar la postura: igual que creo que si no pagamos impuestos no tenemos servicios públicos (bueno, no hace falta fe para esto), creo imprescindible que se nos cuente (o contemos) en qué se gastan esos fondos. Y dudo que nadie en el lado contribuyente quiera que se gasten de forma ineficiente. Pero la insistencia en “los millones del LIFE” ante la falta de resultados se me antoja tan alejada de la ciencia como las opciones criticadas.

Los millones compran esfuerzo, oportunidad. No compran resultados.

rastro

Vamos a suponer que los gestores y gestoras de esa población con tan mala pinta consiguen que la Unión Europea financie parte de la gestión, encaminada a mejorar el estado de conservación**. Supongamos después que gastan los primeros miles de € en rodearse de la mejor ciencia disponible. A esas alturas, tendrían varios kilos de sugerencias, y varias toneladas de incertidumbre. Usarían idealmente otro puñado de € en explicar al público la letal combinación. No, la incertidumbre no es popular, lo sé; ahí es donde pasan una temporada crítica decidiendo si siguen soportando los “depende” de los científicos, o si optan por los “claro” de los expertos.

Superan el mal trago y, a partir de ahí, con ciencia más incertidumbre, deciden un plan de acción. Sayonara baby a los millones del LIFE. Los gastan en ese plan de acción, y en exponer que hacen, por qué, quién, y que resultados obtienen. Mientras los funden, alguien idealmente cobra por su trabajo. No, en conservación no hay por qué trabajar gratis.

Sigamos suponiendo que acaba el periodo LIFE, y que acaban los millones. Y que el plan propuesto y ejecutado no sale bien. Bum.

Menudo marrón. No tienes mejor estado de conservación de la población, tienes todavía mucha incertidumbre, y no tienes la pasta. Sin embargo, dudo que muchos de los que hemos discutido sobre la gestión de los pitos en los últimos años percibiéramos el marrón de la misma manera que el que leemos ahora.

La diferencia entre el escenario discutido estos días en la red y el que planteo en estas líneas no son los millones; esos se han gastado de todas formas. Si serían en cambio diferentes algunos procedimientos que convendría poner en práctica, si es que esto de intentar recuperar poblaciones amenazas es algo más que un festival de subvenciones encubiertas***.

Sólo pretendía con estas letras 1) forzarme a estructurar alguna idea latente, y 2) pedir a mi prójimo que me refute las ideas. Con un poco de suerte, aprenderemos algo de todo esto.

*no descarto que siempre haya sido así; pero las referencias son cambiantes, y en este caso no me apeteció buscar la original.

**seguramente requiera excesiva imaginación plantear que el Gobierno de España no dedica la parte equivalente de su presupuesto a otra tarea de conservación, en lugar de construir otra infraestructura inútil.

*** nada tengo contras las subvenciones descubiertas.

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Estiércol

Por Mario Quevedo, en Cantabricus

Dando una vuelta estos días por alguno de los puertos altos de La Cordillera, me encontré con una buena noticia:

estiercol

Una boñiga procesada y disgregada, sí. Bueno, muchas.

Se podría pensar que se conforma uno fácil, que también. Pero este caso lo normal es buena noticia porque algunos productos antiparasitarios del ganado pueden perjudicar, además de al objetivo, a las comunidades de escarabajos coprófagos; los Geotrupes, Aphodius y cia., fácilmente observables en y alrededor de las boñigas si todo va bien.

Esos y otros invertebrados componen ese gremio comecaca, encargado del primer reciclado de los excrementos de los herbívoros. Y buena falta hacen. Por naturaleza, los herbívoros deben cagar mucho, ya que un porcentaje alto de lo que comen no es digerible, o útil para sus necesidades. Algo así como desayunar all bran a palo seco, permanentemente.

No puedo asegurar que observaciones previas de coprófagos “patas arriba” y puertos cubiertos de boñigas secas fueran consecuencia de la ivermectina del artículo enlazado, o de otro antiparasitario. Pero sí afirmo que los muchos escarabajos coprófagos del paseo reciente eran responsables de la disgregación y procesado esperables del estiercol montano.

Otro día se podría hablar de antibióticos…

cubilla

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Los “expertos” divertidos

A tenor de mi experiencia* de usuario de medios de comunicación, diría que para informar sobre virus Zika o sobre tumores que afecten a los humanos, redactores y editoras recurren a profesionales competentes. Supongo que las poderes fácticos detrás de la prensa no consentirían basura sobre temas considerados delicados.

Por otro lado, esto**:

“El abandono rural empuja hacia las urbes a la fauna salvaje, avisan los expertos”

Se diría por el título que la fauna salvaje no es capaz de vivir sin la constante presencia a su alrededor de almas pías,  en cuyo caso sobra el término “salvaje” en el título. Esa idea ya la abordaba – aproximadamente – el poeta en Los Motivos del Lobo, para descartarla después. Espera, que me desvío de la diversión que proporciona, como es habitual, el diario astur La Nueva España. Sí, tienes diversión asegurada al comprobar el tino con el que se pronuncian los expertos elegidos por el medio para dar cuenta de su realidad (no sé si la de los expertos, o la de la planta noble de LNE). Y tienes también diversión asegurada al comprobar la elección de los expertos.

Profesionales competentes te encuentras, supongo, escribiendo sobre la vacuna de la gripe del año en curso, o sobre el mercado de valores. En cambio para hablar de “fauna salvaje”en particular y “medio ambiente” en general, basta con ser ex-presidente o sindicalista (por escoger del elenco aquellos oficios conocidos).

Me pregunto si esos titulares y contenidos, así como esos expertos, devolverán población domestica al medio rural.

*Esencialmente todos contamos las cosas desde nuestra experiencia; ese filtro hay que tenerlo siempre en cuenta.

** Traiciono aquí mi determinación de no regalar visitas de página y por tanto venta de anuncios a basura mediática. Pero es que uno se tiene que divertir de  vez en cuando.

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