La tragedia de lo común

Mario Quevedo, en Cantabricus
Tiempo estimado de lectura: 5 min

Participaba hace días en una jornada de discusión titulada “Nuestros montes, nuestro futuro” que, más allá del título, entendí como un debate sobre problemas y propuestas de sostenibilidad. Una sostenibilidad en sentido laxo, socio-económico (profesionalmente estoy más cómodo con enfoques más restringidos).

Muy buena experiencia¹. Y no quiero decir que esté necesariamente de acuerdo con lo allí oído. Dado que me cuesta ponerme de acuerdo conmigo mismo la mayor parte de las mañanas, no soy muy de consensos; tienden a diluir las buenas ideas. Quiero decir que se puede montar una reunión de varias horas entre personas ligadas al sector productivo, a los servicios públicos, al activismo, a la academia, etc. sin necesitar la intervención de las fuerzas de orden público para que alguien pueda terminar una frase.

A lo que iba: durante la jornada surgió el asunto del título, aunque sin ocasión para entrar realmente en la idea. Tendríamos que empezar por aclarar el significado original de “lo común”, traducción ocasional del Tragedy of the Commons de Garrett Hardin (G. Académico encuentra pdfs del original, desplegando el enlace a todas las versiones encontradas). Como mero aficionado al lenguaje, no lo veo claro; the commons admite muchas acepciones en una búsqueda en mi diccionario online favorito. Desde “lo de todos” a “lo comunal”, refiriéndose esta última acepción – más restrictiva – a un modo de titularidad de tierras. Supongo que lo mejor es leer el original para saber de qué se ocupaba el autor; ya se sabe que en las idas y venidas de traducciones e interpretaciones las ideas se disfrazan. Releí así el original, publicado en Science en 1968, y sujeto posteriormente a infinidad de discusiones, revisiones etc. Casi al principio sitúa Hardin el problema de la sobre-población en un mundo finito, así que intuyo que su enfoque era más “lo de todos y de nadie” que “lo comunal”.

Pero la razón de rescatar La Tragedia de lo Común aquí, con la disculpa de la referida jornada de debate, es recordar dos o tres perlas de ese trabajo, a mi juicio aplicables a diversas disciplinas y de vigencia permanente. Esas perlas estarían en el centro de las discusiones sobre cuánto y cómo explotar recursos naturales. Vamos allá (entre comillas mi traducción libre del original):

– Casi al principio el autor se ocupa “de una categoría de problemas humanos que carecen de solución técnica”, definida como aquella que “requiere cambios sólo en las técnicas de las ciencias naturales, demandando poco o nada de cambio en los valores, ideas o moralidad”. Y se ocupa de esto por la existencia de una “asunción implícita en la literatura científica profesional y semipopular de que los problemas discutidos tienen una solución técnica”. Este último aspecto sigue siendo verdad en la literatura científica actual, en la que abundan propuestas de soluciones técnicas a problemas de raíz parcialmente política o sociológica; al menos en el contexto de la biología de la conservación y la sostenibilidad ecológica. Por un lado es posible que tenga que ser así, si las publicaciones deben seguir siendo científicas. Por otro se presta a seguir inventando la rueda sin afrontar los problemas de base. Un ejemplo podría ser la paradoja de avanzar y ocuparse de técnicas de cría en cautividad sin ocuparse proporcionalmente de los problemas que reducen la viabilidad de las poblaciones salvajes. Y estos últimos están casi siempre relacionados con asuntos humanos².

– Justo entre las argumentaciones más célebres del trabajo, en las que Hardin menciona las vacas y los pastos para ilustrar su problemática de lo común, me encuentro con un argumento que no recordaba: explica Hardin que cada individuo tratará de tener tantas vacas como sea posible en los pastos comunes, y que “esa situación puede funcionar razonablemente bien durante siglos porque las disputas tribales, el furtivismo y las enfermedades limitarán las poblaciones de hombres y bestias”. Es decir, es la perturbación la que mantiene lo común, y la estabilidad social la que lo pone en riesgo. Si no me equivoco, ese es uno de los aspectos que Ostrom cuestionó después.

Upland pastures

– Termino con la que creo que más se ajusta a los contenidos de la jornada de debate, y que coincide con algo que pretendí trasmitir en mi turno: “no es matemáticamente posible maximizar para dos o más variables al mismo tiempo”. Ese principio es bien conocido en los ámbitos de la ecología energética y la adaptación, y hablamos de “compromisos”: la energía destinada por un organismo a la reproducción limita la destinada por ese mismo organismo a otras actividades de su ciclo de vida; la adaptación a nadar en medios que requieren mucha capacidad de maniobra limita la capacidad de natación rápida sostenida. En el contexto de la explotación de unos u otros recursos podríamos ilustrar la idea pensando que la explotación de un monte por su madera limita la capacidad de explotarlo por los frutos o setas; la explotación cinegética de un territorio limita los usos recreativos como el senderismo o la observación de fauna.

Pon el ejemplo que quieras, pero no se puede tener todo. Habrá entonces que separar lo importante de lo trivial, lo sostenible de lo intensivo, y el medio del corto plazo. Y, en cualquier caso, leer la Tragedia original de Hardin: una chulada.

Notas, referencias:
[1] Lo más interesante que subjetivamente extraigo de la reunión es haber escuchado posiciones para mi novedosas desde el sector de la producción forestal; más compatibles con la sostenibilidad ecológica que las leídas habitualmente. Lo más triste fue que la salida de tono más notable proviniera de mi propio sector.
[2] Sodhi NS, Brook BW, Bradshaw C. 2009. Causes and consequences of species extinctions. In: Levin SA (Ed). The Princeton Guide to Ecology. Princeton University Press.

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4 respuestas a La tragedia de lo común

  1. Luis C. dijo:

    Como de costumbre, veo aquí cuestiones oscuras planteadas de forma brillante, tanto en forma como en fondo. Pero comoquiera que este diablo va siendo más viejo que diablo -veo, con una sombra de inquietud, que salgo a referencia demoníaca por comentario en este blog- la recomendación, con todo lo que tiene de pertinente, me es superflua: ya he leído -y releído no hace mucho- a Hardin. Y también he leído no hace mucho algo que “glocaliza” el problema y que no me parece descabellado señalar aquí: el ensayo “The Call to the Commons. Decline and Recommitment in Asturias, Spain” con el que el antropólogo astur-americano James W. Fernandez McClintock contribuyó al volumen colectivo “The Question of the Commons: The Culture and Ecology of Communal Resources”, editado por Bonnie J. McCay,James M. Acheson y publicado por la Universidad de Arizona en 1987. El refrán asturiano que encabeza el ensayo es algo así como Hardin in a nutshell: “Lo que ye del común nun ye de ningún”…

    • Alguien me zurraba una vez porque no me gustaba – ni me gusta – la formula de “nuestros bosques, nuestras montañas” etc.; y la esencia de la zurra era la inversa del dicho astur, eso de que hay que hacer propias las cosas para que no caigan en el olvido o, peor, en manos de especuladores. Lo entiendo, pero me resisto a asumirlo (otra cosa serían las concesiones prácticas si me tocaran). Estaría bien oír discutir de estas cosas a gente que controle y, a poder ser, que no arrastre muchas agendas.

      ¿No tendras un pdf del ensayo, eh? No lo topé en la web.

      • Luis C. dijo:

        He tratado de obtener de nuevo el documento para “realquilártelo”, pero me temo que no será posible a medio plazo. Tal vez lo compre, que veo que lo hay a buen precio por esos mercadillos globales de Internet, y en ese caso podría alquilártelo directamente (por cero euros mensuales, precio de amigo virtual). Lo que pase primero. Mientras tanto, veo que Google Books ofrece trozos del ensayo lo bastante grandes como para que te hagas idea de su contenido: página 266 de https://books.google.es/books?id=2iK3WBT8Lz8C&printsec=frontcover&hl=es#v=onepage&q&f=false

      • Gracias; ya lo voy a buscar yo también, que veo que tiene otros capítulos prometedores.

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