Quémate la biomasa

Mario Quevedo, en Cantabricus
Tiempo estimado de lectura: 6 min

Biomasa, un término popular. Un término del que parece haberse apropiado la tropa más resolutiva, para despejar incógnitas.

Es comprensible; a quién más quién menos le da un arrebato de prisa y resolución de vez en cuando. Tanto el “voy a bajar 20 kg de aquí al verano” como el “voy a producir energía con los bosques de Caso¹” incorporan dosis importantes de resolución, de determinación. Y ambas decisiones incorporan biomasa.

O mejor dicho, pretenden quemarla. Una diferencia es que la primera versión de acto resolutivo es en esencia una decisión personal, intentas quemar tus kilos; la segunda versión es una decisión que afecta a lo colectivo, a lo común².

Como no hay prisa aquí, antes de empezar a rajar voy a repasar qué es biomasa, y cómo llega a serlo.

Biomasa es lo que está justo al otro lado de la necromasa. Materia viva, justo al otro lado de la materia muerta. Quemar biomasa significaría por tanto quemar tejidos vivos. Y lo de “vivos” no lo introduzco aquí por sentimiento aunque no me falte, sino por actividad; pero déjame volver a esto un poco más tarde.

Esa biomasa está formada por moléculas orgánicas, aquellas en las que el carbono es componente esencial. La grasa almacenada en Navidad es materia orgánica, biomasa. Seguramente los productos de desecho de la intensa actividad intestino-vacacional puedan ser considerados necromasa. Esas moléculas orgánicas son el  combustible del metabolismo; la ruptura de sus enlaces proporciona energía.

Una posibilidad a la hora de clasificar a los seres vivos es partir de cómo adquieren esas moléculas orgánicas. Así, hablaremos de autótrofos y heterótrofos. Productores y consumidores (gorrones). Tu eres heterótrofa, consumidora, gorrona. Tu existencia consiste en conseguir moléculas orgánicas sintetizadas por otros organismos: los autótrofos. Esos personajes dominan aquello de la fotosíntesis, término bien conocido por casi todos. Cuando tu planta de referencia – sea una Begonia en una maceta o un castaño en el monte – produce una nueva hoja, está produciendo biomasa; está utilizando la fotosíntesis para acumular moléculas orgánicas, y así crecer. Vuelvo aquí a la definición de biomasa: tejidos vivos.

fotosintesis

Si miramos esa ecuación de izquierda a derecha encontramos una simplificación de la fotosíntesis. Está por todas partes pero no por ello hay que dejar de admirarla: tu Begonia local produce azúcares, muy energéticos, a partir de luz, agua, nutrientes minerales, y del famoso dióxido de carbono.

Si miramos la ecuación de derecha a izquierda, también contemplamos un proceso importante: la obtención de energía a partir de la oxidación de moléculas orgánicas energéticas. Que un autótrofo, una planta, sea capaz de acumular biomasa depende de que sea capaz de producir más de lo que necesita gastar en mantenimiento metabólico. Si  maltratas tu Begonia, seguramente seguirá funcionando la parte izquierda de la ecuación, pero pesará demasiado la parte derecha, y en el mejor de los casos no crecerá ni producirá flores.

Y mientras el diletante está ahí con su académica combinación de números y filosofía, llega el think tank de turno y propone usar los bosques que quedan en una comarca para producir energía. Son gentes de acción, y ni siquiera distinguen la biomasa de la necromasa, pero eso son detalles sin importancia. Como la información me llega ya rebotada, pre-digerida por panfleto cuyo nombre no mencionaré, no sé como de genial es la idea. Así que planteo dos escenarios de genialidad decreciente:

Escenario 1: ya que existen chorrocientasmil toneladas de biomasa desaprovechada, cogemos los bosques que quedan en Caso, y los quemamos para producir energía.

Resultado 1.1: en el tiempo t=1 y como consecuencia de un arrebato en el sentido “derecha- izquierda” (de la ecuación), obtenemos un pico energético seguramente importante. Es súbito. El fuego quema, poeta. Resultado 1.2: en el tiempo t=2 nos desplazamos a quemar otra cosa, porque en Caso ya no quedan bosques.

cantu_l_osu

Posibilidad de aprendizaje 1.1: cuánto tardamos en reconocer algo parecido a bosque en ese concejo astur. Respuesta probable: no lo verán tus nietos. Posibilidad de aprendizaje 1.2: cuanto tarda UNESCO en retirar el título de Reserva de la Biosfera al desastre resultante. Respuesta probable: poco, aunque siempre más de lo que tardarías tu, que para protestar eres un rayo. Posibilidad de aprendizaje 1.3: cuánto tardan las reservas de agua en ser inservibles… No sigo, el escenario sería didáctico, de no ser por innecesario: el experimento ha tenido lugar innumerables veces desde la revolución industrial.

Escenario 2: los proponentes no son tan cafres, hombre. Es la prensa la que se apresura, en su ímpetu por crear opinión. Así, lo que plantean es uso sostenible; servirá de combustible lo que las plantas, los bosques, sean capaces de crecer al año. Te hablan entonces de usar los excedentes: sigue habiendo la misma superficie de bosque, sólo nos llevamos el crecimiento anual. Sólo quemamos lo que sobra de restar la parte derecha de la izquierda en la ecuación. Lo que viene a ser sostén.

En ese Escenario 2 necesitarán números muy detallados: cuánto crecen esos bosques por unidad de tiempo, y cuánto podemos entonces retirar por unidad de tiempo para que la explotación sea sostenible; qué demanda energética serán capaces de cubrir esos tejidos explotados como combustible (una casa, una aldea, un pueblo, 6 pueblos…); cuánto beneficio económico proporcionará la explotación, y a quién; cuánta inversión demandan al sector público; cómo competirán los productores con otras fuentes de energía; cuanto dejarán de ingresar los sectores más relacionados con los bosques; cuánto costarán aquellos procesos poco previsibles en cantidad pero obvios en calidad como el incremento de la escorrentía y la erosión. En fin, muchos parámetros tendrán, estos.

Resultado 2.1: la superficie cubierta por árboles es la misma. La superficie cubierta por bosques es mucho menor: los bosques no son parques, no  existen excedentes. Posibilidad de aprendizaje 2.1: cuánto tardan los sectores más conservacionistas en denunciar el incumplimiento de la Directiva Hábitats de la Unión Europea. Respuesta posible: antes de que te des cuenta.

Resultado 2.2: los tejidos vegetales disponibles para los heterótrofos disminuyen mucho, porque – recuerda – nos llevamos la producción, los excedentes. Posibilidad de aprendizaje 2.2.1: cuánto disminuyen las poblaciones de consumidores de la comarca, dependientes de esa biomasa (ciervos, corzos, torcaces, zorzales… pon el que quieras). Posibilidad de aprendizaje 2.2.2: qué especies explotadas dejan de ser explotables por la disminución de  sus poblaciones. Posibilidad de aprendizaje 2.2.3: qué y cuántas especies se extinguen en la comarca.

Resultado 2.3.1: la retirada de “excedentes” deja sin recursos a detritívoros y descomponedores del ecosistema forestal. Disminuye por tanto abruptamente el reciclado de nutrientes minerales, imprescindibles para la parte izquierda de la ecuación. Resultado 2.3.2: disminuye la productividad del sistema forestal, sobre la que se basaban los cálculos de sostenibilidad y rentabilidad. Resultado 2.3.3: cambia la composición del bosque, sobre la que se basaban también las premisas iniciales.

Posibilidad de aprendizaje 2.3.1: cuánto tarda el think tank en irse con el negocio y la música a otra parte. Posibilidad de aprendizaje 2.3.2: cuánto tardan los representantes locales en declararse engañados y abandonados por el desgobierno central.

Posibilidad de aprendizaje general: ¿es posible perder más los papeles?

Notas
[1] Concejo asturiano integrado en el Parque Natural de Redes. Muy recomendable.
[2] Da igual que una determinada finca sea privada; si la quemas, perjudicas al prójimo, al común.

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3 respuestas a Quémate la biomasa

  1. Muy bueno, Mario y perfectamente explicado

  2. Gracias por un planteamiento tan didáctico como elegante.
    En el País Vasco llevan unos cuantos años mareando la perdiz con la biomasa y ya han sustanciado sus elucubraciones ( http://www.biomasaeuskadi.net/ ), eso sí “huyendo de definiciones académicas” y llamando biomasa a “los pellet, la leña de toda la vida, la astilla triturada y la astilla de corte”. Nivelazo a prueba de ecuaciones.
    El problema es que las cuentas siguen sin salir. Sea cual fuere el escenario, la inversión pública ha de ser importante y no está el horno para bollos. Su objetivo inicial (y principal) eran las centrales térmicas (de biomasa), pero no parece que el chollo vaya a cuajar. Una instalación industrial donde colocar, a precios de la Gürtel, la madera que hoy no quiere nadie, ha sido el sueño húmedo de un sector en crisis permanente.
    Ahora los clientes potenciales son los ayuntamientos, a los que pretenden enganchar al pellet para calentar el frontón y la escuela (tras quemar “la leña de toda la vida” del monte municipal). Todo un planazo. Ni que decir tiene que el pellet patrio (de llegar a aparecer en escena) difícilmente va a poder competir con el foraneo; y el discurso de la sostenibilidad y la soberanía energética municipal se va a quedar en un brindis al sol.
    Un jodido disparate, pero hay que estar atentos porque los sinvergüenzas tienen paciencia y a la primera ocasión que se presente te la lían.

  3. Juan angel dijo:

    Eres el pepazo grillo de la cordillera iconoclasta!!!!

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