Especismos, humanismos, conservación. ¿Cómo sigue la canción?

Por Mario Quevedo, en Cantabricus
Tiempo estimado de lectura: 7 min

Aprovechando que un virus indeterminado, en pleno ejercicio de su derecho evolutivo, me tiene físicamente desarbolado, pongo por escrito alguna cosa. Esencialmente intento abrir dudas y reflexiones sobre cómo podrá ir encajando la defensa de los derechos de los animales en la biología de la conservación.

Escribo de oído, sin acudir apenas a fuentes que traten estos asuntos desde la filosofía. Así los posibles errores u omisiones por ese lado son exclusivamente míos. Me los permito además por ser esto un mero blog de provincias norteñas, donde nada está claro.

Por un lado, el “especismo”, término que leo cada vez más. Dice la versión española de Wikipedia, entre otras muchas cosas1:

El especismo es la discriminación contra quienes no están clasificados como pertenecientes a una o más especies determinadas. Dicho término suele emplearse habitualmente para aludir a la desconsideración moral que sufren los animales no humanos en comparación con los humanos, si bien el especismo no se agota en esta discriminación en concreto.

Y me parece muy bien no discriminar.

Por otro lado, oigo hablar cada vez más de asociaciones o individuos interesados en la defensa de los derechos de los animales. Y no sabes como me alegro; estoy hasta más allá de las gónadas de violentos y maltratadores, físicos y verbales, y sin discriminación de género.

Y por otro de los múltiples lados llevo años mosca con el Derecho, especialmente con su respuesta a los problemas ambientales. Creo que el Derecho, como humanidad que es (lo de ‘Ciencias Jurídicas’ no cuela), no está originalmente pensado para poner orden más allá de los asuntos humanos. Y estos toman precedencia. Quiero pensar que los juristas van pensando en estas cosas.

Y voy adentrándome en el jardín. El especismo es una construcción humana. Dada nuestra complejidad cognitiva y social, algunos decidimos preocuparnos por la discriminación ejercida hacia otros seres vivos. Desconocemos no obstante si esos seres vivos tienen un concepto parecido, recíproco. De forma no muy distinta, las especies animales en las que pienso más frecuentemente no tienen asociaciones propias que reclamen sus derechos. Y no tenemos claro como funcionarían: ¿serían, como cabe esperar por definición de especie, específicas? ¿O serían en cambio comunitarias, agrupando a las especies que habitan e interaccionan en un área concreta2? El emergente Derecho Animal / Ambiental es otra ramificación de esa humanidad original que es el Derecho en general.

Entonces, ¿cómo pueden encajar esos conceptos y disciplinas en una disciplina científica como la Biología de la Conservación? Y es necesario plantearlo porque, al menos en este caso, lo científico no quita lo social, como repito en este blog a menudo. Y el asunto me preocupa porque empiezo a ver síntomas de colisión; seguramente no sea muy preocupante, y las colisiones ocurran de forma inevitable entre una minoría de creyentes en verdades absolutas. Pero el caso es que hay un dilema, porque las especies no son biológicamente iguales; por eso las consideramos como tales. Sólo cuando se parecen lo suficiente, los humanos las juntamos en variedades (subespecies, razas, morfos…) de la misma especie. Lo sabemos bien, y quizás lo sobre-explotemos, los defensores de los grandes predadores, especies molestas que despiertan lo peor del humanismo antropocéntrico con su mera presencia.

Pero para ilustrar la idea prefiero tirar de productores primarios. Piensa por ejemplo en la bonita Daboecia cantabrica, especie habitual de los brezales y tojales del norte de la Península Ibérica:

Una abeja solitaria, quizás de la familia Halictidae, entrando en una flor de Daboecia cantabrica,

Una abeja solitaria, quizás de la familia Halictidae, entrando en una flor de Daboecia cantabrica,

La corola, tubular, grande para ser un brezo, esconde el néctar al fondo. A Daboecia le vienen bien los polinizadores pequeños que entran y salen a por ese néctar, porque de paso se llevan polen a otra flor al rozarse con los estambres (completamente ocultos en este caso por los pétalos fusionados). También valen los polinizadores con largas trompas, que al menos insertan la cabeza y se afanan en llegar al fondo. En definitiva, una relación mutualista entre distintas especies. Pero en todas partes hay listos: algunas especies de Bombus, esos bichos peludos, prescinden del quid pro quo, le meten un tajo a la base de la corola, y roban el néctar sin llevarse el polen3. Ni  siquiera la evasión de impuestos es idea nuestra.

Si Daboecia hablase y formase asociaciones, estoy por apostar que no le darían igual unos insectos que otros. ¿Sería especista Daboecia?

El asunto tiene miga desde hace tiempo en ecología. En esa disciplina hablamos con frecuencia de estructura de la comunidad (composición de especies y grupos funcionales, y abundancia relativa de individuos de unas y otros), y de función ecosistémica. Este último es un concepto complejo, con múltiples facetas, pero podríamos resumirlo por la intensidad de algunos flujos, como la producción primaria, la captura de CO2, el lavado de nutrientes de las cuencas hidrográficas al oceáno, etc. Y sabemos que, como los distintos polinizadores no son iguales para Daboecia, no todas las especies determinan por igual la estructura de la comunidad, ni las funciones ecosistémicas. Sabemos que algunas especies interaccionan directa e indirectamente con otras muchas, siendo en principio más determinantes en la integridad de esa comunidad (ejemplo en Soule et al. 2005, BioScience, de acceso libre). Eso no quiere decir que una especie sea siempre, en cualquier ecosistema en el que esté presente, igualmente interactiva. Esas cosas hay que medirlas.

Podríamos incluso montar una metáfora para ilustrar la idea, usando una comunidad humana: imaginando que los individuos son especies, los más famosos son los que interaccionan con más individuos, directa o indirectamente, y la comunidad notará en principio más su falta. “La marcha de Menganita deja un gran hueco en la comunidad de ____”. O incluso el concepto “Cuando Un Amigo Se Va”, de Alberto Cortez. En el caso de los grandes chorizos, por ejemplo, la “función ecosistémica” mejoraría muchísimo al aumentar la redistribución de la pasta. ¿Nos entendemos?

Y más miga aún. La ‘redundancia ecológica’ y su anverso ‘complementaridad’ son conceptos importantes que hace ya más de 20 años entraron en biología de la conservación, por medio del Biodiversity and Ecological Redundancy, de Walker 1992 (GS encuentra pdfs). Resumiendo: partiendo de la premisa de que la capacidad logística y financiera para conservar la biodiversidad es limitada4, qué especies tendrán prioridad en la asignación de esos recursos limitantes. Dice Walker, y dicen otros desde entonces, que serán prioritarias aquellas menos redundantes, aquellas que no pueden ser reemplazadas al ejercer una función en la comunidad. Y esa es la base del concepto conservation triage, del que me acordé gracias a mi virus en la sanidad local. Algo escribí también aquí, hace tiempo.

Las especies no son, por definición y ciencia, iguales. Y sin embargo, éticamente hacemos bien en preocuparnos por el bienestar de los seres vivos no humanos. La combinación no es fácil. ¿Caemos en el especismo los socios de ASCEL cuando queremos conservar a los lobos? ¿Caemos en el especismo los que explicamos que los grandes carnívoros son ‘especies apicales’, muy interactivas y, por tanto, merecedoras de particular atención? ¿Caemos en especismo al querer erradicar la malaria, causada por Plasmodium spp.? ¿Tiene sentido el concepto? ¿Cuándo pensamos en derechos de los animales, lo hacemos también frente a otros animales?

Yo no sé como seguir la canción, pero a ver si entre unos y otros alejamos la melodía del ruido de sables.

PS: entrada actualizada 2015.05.30, sustituyendo la foto de Daboecia y añadiendo un enlace a otra foto en las notas.

Notas y referencias
[1] La entrada de la enciclopedia online contiene bastante más, y me dio sensación de estar bien documentada; así y todo muestra al acceder (2015.05.23) un mensaje sobre desacuerdos acerca de los contenidos.
[2] Con permiso de Robert Ricklefs.
[3] Debo esta historia a unas fantásticas prácticas de campo con Moncho Obeso, ya llovió. Nos pedía que pensáramos por qué corolas de Daboecia tenían agujeros en la base. Después he visto a los ladrones en directo; merece la pena fijarse. En esta foto se aprecia un butrón roba-nectar en una flor de Erica vagans.
[4] Presentar una premisa no me obliga a aceptarla, de la misma manera que ocultarla no la invalidaría ni la retiraría “del partido”.
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3 respuestas a Especismos, humanismos, conservación. ¿Cómo sigue la canción?

  1. Jota N dijo:

    Hola Mario,
    Soy un lector asiduo y silencioso de tu blog. Hoy se me ha ocurrido una par de cosas que comentar a raíz de esta interesante entrada. Me imagino que yo, como mucha otra gente, vive en la esquizofrenia que provoca el tener que convivir con el igualitarismo vigente en nuestra sociedad y la tozuda desigualdad natural que nos rodea y nos caracteriza. Cuando reconocer esa desigualdad natural es algo sobre lo que colgar un cordón sanitario-moral, hay un problema. Supongo que se parece a tantas otras situaciones en las que el pensamiento de la época iba por un lado y la realidad por otro diferente. Date cuenta que no entro a valorar cuáles son las consecuencias morales de reconocer esa desigualdad, lo que sí veo claro es que no hay combinación racionalmente posible entre un principio ético y una realidad opuesta.
    Por otro lado, ¿no será mucho pedir a unos bípedos con poco pelo consideración moral hacia otros animales cuando la consideración moral hacia otros seres empieza a flojear más allá de los parientes y los amigos? ¿No sería mejor entender qué clase de animales somos y después dedicarnos a las teorizaciones morales? El humanismo ha colocado al ser humano en un pedestal desde el que otorga derechos y consideraciones morales, al mismo tiempo que la ciencia ha ido erosionando ese pedestal, muchas veces simplemente describiendo la realidad.
    Por lo que leí hace años, los teóricos que defienden los derechos de los animales se ven en la senda que habían transitado antes los defensores de las minorías sociales, de los derechos de las mujeres, etc. Su ambiente es diferente del de la ecología. De hecho, algunos no le otorgan valor moral a los ecosistemas por sí mismos, para ellos los únicos seres valiosos son los animales. O una idea similar. Creo que eso choca con lo que es la naturaleza.
    Bueno, al fin y al cabo la naturaleza es jodidamente especista. Espero que lo sea por mucho tiempo.
    Un saludo.

  2. xabiervp dijo:

    Olá Mario. Personalmente niego la mayor. El “especismo” es un invento sin más, no tiene ningún sentido. Podría alargarme dando alguna razón, quizás la primera, aunque no la más importante, es que todas las especies son especistas por lo tanto cualificar a una en concreto sólo tiene sentido si es desde una óptica puramente humanista algo que es negado por el propio concepto. Por otra parte parece obviarse toda la evolución en general y la humana en particular que sólo es posible con determinadas relaciones con el resto de especies y ecosistemas. Sólo desde un punto de vista completamente urbano, consecuencia de la revolución industrial y el uso masivo de combustibles fósiles que nos permiten despegarnos de los ecosistemas (con sus animales) es posible concebir un humanismo de este tipo, en definitiva alejarnos más del funcionamiento de sistemas naturales.
    Eticamente es una pirueta pues otorga más derechos a un individuo que a un colectivo (curiosamente). Especismo lo inventa un americano urbano, no nos olvidemos, en una sociedad profundamente aculturizada; si es necesario comer para sobrevivir, lo lógico es que se tomen decisiones colectivas de qué, cómo y cuándo, vamos, lo que se suele llamar cultura (que evoluciona, naturalmente, y depende de los recursos naturales).
    Por último, me parece muy importante decir que es un termino finalista (no tengo una palabra mejor) puesto que no permite la discusión. Si eres acusado de especista es como si eres acusado de hereje por una religión, se acaba la discusión y a la hoguera. Por lo tanto sólo de alguien que tiene principios éticos e intelectuales se puede esperar que finalice así una discusión, es decir, sin discusión posible lo que me lleva a la consideración de son extremistas simples. Y todo ello se parece más a una religión o superstición que a una línea de pensamiento filosófico.
    Soy más partidario del término biofilia (https://books.google.es/books?id=CrDqGKwMFAkC&printsec=frontcover&dq=inauthor:%22Edward+O.+Wilson%22&hl=es&ei=inDETLWMK83KswbJl5GXCA&sa=X&oi=book_result&ct=result#v=onepage&q&f=false) de Wilson que me parece que responde a una realidad, es útil y permite estar en relación con la ciencia y la ética.
    Bueno, no me enrrollo más!!

  3. AFG dijo:

    Gracias Mario: da gusto leer estas cosas, y las aportaciones posteriores.
    Sólo unos magros comentarios, que espero aporten algo de luz, aunque sea muy tenue: yo no creo que la naturaleza -ni las espcies- sea especista; la naturaleza (lo que quiera que sea eso) es probablemente algo mucho más complejo que lo que encierra o supone el término (aunque nuestra maldita obsesión por clasificar nos lleve constantemente al borde del esperpento -en este caso el mío, al declararla “no especista”.
    Y por otro lado, creo que el especismo, aún siendo evidentemente un invento humano, sí que tiene sentido: es una convención humana (como la ética; ¿o es que la ética no es un invento humano) que nos ayuda a enfrentarnos a nuestra jodidas contradicciones (humanas), esas que son la fuente con la que solemos joder a otros seres, ya sean de nuestra especie o no.
    Es decir, el humanismo tiene sus problemas, el especismo los suyos, el animalismo otros y la ética los suyos propios. ¿o es que “pensamos” que alguna vez, con la adopción del último “ismo”, nos vamos a liberar de nuestras malditas manías, las que provienen de esa maravilla de invención llamada lenguaje?
    AFG

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