(No se si podemos con) los ecolojetas del Presidente

Por Mario Quevedo, en Cantabricus
528 palabras

No hay mucha biología en esta entrada. Sí hay opinión, y hay un poco de política. Es lo que sale, que al fin y al cabo uno escribe lo que quiere y puede.

Son estos tiempos interesantes. Y por acción y reacción, un poco desesperantes. Me explico: en mi entorno más cercano percibo por un lado dosis nuevas de esperanza, y de interés en la participación pública. Se deben supongo a la aparición de distintas formaciones políticas que parecen ofertar algo nuevo, ya sean salidas de la nada, o refundaciones de ideas establecidas pero siempre latentes, o simplemente con la aparición de gente nueva en viejas formaciones.

Al otro lado de ese entorno cercano, percibo un miedo al posible cambio que no había percibido antes, a pesar de que los cambios son constantes. Y me preocupa porque el miedo no aporta felicidad alguna, y en ocasiones los formatos de ese miedo huelen parecido a la irracionalidad y el odio. No quiere decir esto que no comprenda la aproximación conservadora; al fin y al cabo, la mayoría lo somos en algún ambito¹. Lo que no comprendo es el miedo.

Y me cuesta comprender el miedo viendo lo mal que lo pasa gente buena, y el deterioro de la vida y servicios públicos. Y, ciñendome a la biología y conservación de la naturaleza, recordando lo bajo que se cayó en España en general, en Asturias en particular. Recordando sin ir muy lejos los textos propios de un Presidente, que lo fue, de Asturias.  Un vistazo -lateral y desde la barrera- a la Caverna, donde se desprecia la ciencia y se idolatran los usos autoritarios².

Así, a los del miedo entre los míos, les diría que recuerden por qué a los otros no nos asusta un posible cambio. Cualquier tiempo pasado no fue mejor.

Y así también, a los de la esperanza, les diría que no hay casi nada hecho, y que la Caverna sigue ahí. Que los eslóganes fáciles en redes sociales no serán capaces de arreglar las cosas. Creo que incluso un profundo recambio político – que está por ver si es posible – no basta sin que cambiemos también los usuarios, siendo mejores que antes.

Mientras eso ocurre, salud y fieras, que son cuatro días.


[1] Decía en otra entrada hace tiempo:

Conservacionistas, suele etiquetar la prensa en noticias sobre medio ambiente. No soy muy amigo de etiquetas y eslóganes, pero con esta en concreto me siento más cómodo. Y el caso es que conservacionistas suena parecido a conservadores. Y la proximidad no se limita a la raíz de las palabras: conservacionista comparte con conservador la pretensión de que algunas cosas no cambien demasiado. Entiendo que tanto unos como otros consideran que los cambios serán perjudiciales [I]. A partir de ahí, si existe evidencia empírica del perjuicio provocado por el cambio, ser conservacionista ya no está tan cerca de ser conservador en sentido estricto. No llevo la comparación más allá, que conservacionistas hay – y deja de haber – a lo ancho del espectro ideológico.

[2] Gracias a mi compadre @natcantabrica [y en https://www.facebook.com/naturalezacantabrica] por mantener viva la hemeroteca.

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