Y los glotones se llamaron lobeznos

Por Mario Quevedo, en Cantabricus
Tiempo estimado de lectura: 8 minutos

Releo estos días The Wolverine Way, de Douglas H. Chadwick. Narra las aventuras de investigadores y voluntarios, entre ellos el autor, en un proyecto sobre los hábitos y manías de los Gulo gulo de Glacier National Park, Montana (EEUU). Nada, que uno busca placer y evasión donde quiere y puede, y a mi me sirve la combinación de sensibilidad bien escrita con animales y paisajes indómitos.

ARKive species - Wolverine (Gulo gulo)

A lo que iba: me recuerda la lectura que los humanos occidentales estamos en guerra con lo salvaje, desde antiguo1. Y seguimos, a pesar de que apenas queda adversario. Por ahí va un poco el lamento o la reflexión de esta entrada: nacemos a la sociedad con el coñazo original de miedos antepasados. Y con el imperativo de extirpar, excluir, domar, domesticar. Sirvan unas estrofas del clásico gospel Peace in the Valley para ilustrar la idea (muchos la cantaron; Elvis, Johnny Cash, Sam Cooke …):

“Well the bear will be gentle, and the wolves will be tame
And the lion shall lay down by the lamb, oh yes
And the beasts from the wild, shall be lit by a child
And I’ll be changed, changed from this creature that I am, oh yes”

Vaya muermo de valle sería ese.

Gulo gulo es un buen ejemplo de los prejuicios occidentales depositados sobre la fauna, recuerda Chadwick en The Wolverine Way. Sí, la gula es uno de los 7 Pecados Capitales del cristianismo, y el taxónomo alemán Pallas decidió “honrar” a esos fantásticos mustélidos con un nombre científico pecaminoso. Al cuadrado.

En español, a Gulo gulo le decimos glotón; faltaría más, no vayamos a revertir herencias absurdas. En inglés le llaman wolverine, recordando remotamente a wolf, lobo. Supongo que esa es la razón de que Logan, el personaje de Hugh Jackman en X-Men, pasase del nombre de guerra original Wolverine al absurdo Lobezno en la versión traducida. La explicación no alcanza a ver la justificación; ninguno refleja las características del personaje. En cualquier caso, Logan X-Man es un tipo duro con malas pulgas.

Como los gulos gulos.

Dice Chadwick de los gulos que si te da por buscar literatura científica sobre que hacen con sus vidas día a día, no encontrarás mucha. Nadie los ha observado de cerca el tiempo suficiente, porque no hay bicho capaz de moverse así en las montañas con cierta constancia; salvo quizás los leopardos de las nieves, otros desconocidos.

M3, un macho del proyecto, asciende Mt. Cleveland, 1500 m de desnivel en 90 minutos

Con el debido respeto, Pallas, glotón tú2.

Los pecados capitales son etiquetas que cultura y religión pusieron a determinados comportamientos humanos. Tienen vocación moralista: buscan separar bueno de malo, aceptable de inaceptable, siempre a ojos de los que les presten atención. OK, algo de razón igual tienen: no me resulta agradable imaginarme, de espaldas a la pared, en presencia de un personaje iracundo, codicioso, y encima lujurioso. Pero los pecados capitales están definidos en función del comportamiento y la moral  humana; no procede trasladarlos a la naturaleza no humana3. Sin embargo, ocurre a menudo, distorsionando la imagen de los animales salvajes.

Me explico: sabemos que Pallas decide en el S. XVIII llamar glotón glotón a un bicho de patas anchas y metabolismo alto. Digamos que doscientos años más tarde, un futuro biólogo oye por vez primera los nombres científico y común (español) de la especie; ¿cual es su percepción, su primera opinión del animal? No será muy problemático, por formación tendrá acceso si quiere a lo que la zoología y ecología aclaran sobre la especie, dejando el nombre en mera anécdota. ¿Qué pasa en cambio si en lugar de tener la capacidad de contrastar la información, el receptor o receptora tira por otra profesión y se queda con la copla glotón glotón de por vida? Igual termina llegando alto en la gestión pública, arrastrando el prejuicio cultural, y tomando decisiones sobre control de predadores.

O escribiendo entradas del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

Captura de pantalla del diccionario de la RAE. 15 de diciembre de 2013, S. XXI.

Captura de pantalla del diccionario de la RAE. 15 de diciembre de 2013, S. XXI.

Visto lo visto, alegra que el DRAE se reserve todos los derechos, y las responsabilidades.

Los ejemplos antropocentristas son abundantes en la nomenclatura taxonómica; uno fácil y local para completar a los gulos: Garrulus glandarius, el arrendajo. Al bueno de Linneo le debió parecer merecedor del término garrulo. Menos mal que los bonitos arrendajos no parecen por el momento amenazados; quedaría rara una campaña “ayúdanos a conservar al garrulo” [ver PS abajo].

Más allá de la taxonomía de naturalistas de antaño, abundan las referencias culturales que asocian animales con miedos del pasado, o connotaciones contrarias a la moral prevalente. Así, animales nocturnos como los murciélagos o los búhos acompañan habitualmente a brujas y demonios en el folclore. En cambio, tu sobrinín sigue siendo el sobrinín, aunque salga mucho por la noche. Los cuervos, supongo que por negros y por listos, son también compañía habitual de hechiceras. Y qué decir de los lobos; ya sabemos que pueden venir directamente del infierno, dotados de maldad, hambre y fiereza infinitas.

Y los invertebrados, están también los invertebrados… Antes de reconocer que la casa en el pueblo está hecha una potrera, y que incluye una población floreciente de chinches de cama, cualquier habón mañanero se asigna a las arañas. Como si éstas no tuvieran más tarea que jugarse la vida molestando a tipos 7.000.000 veces más pesados, y que en ningún caso les sirven de alimento4.

La sombra de la araña, a diferencia de la de los cipreses, es gorda.
Pseudeuophrys lanigera, ~ 4 mm, frecuente en el interior de viviendas.

Es tradición – ¿o será traición? – oral y escrita. Es cultura occidental. Es vocación de ombligo de la creación.

O quizá sea sólo la conocida xenofobia, de la que todos somos capaces, provocada como casi siempre por la sensación de competencia5. Sin dedicar el esfuerzo de revisión necesario, especulo que la proporción de culpas antropomórficas es mayor en aquellos animales que compiten más de cerca con el hombre. Mala suerte, compiten con seres creativos, capaces de inventar historias (también bonitas) y deformar personajes, hasta el punto de conseguir que sus propios congéneres los interioricen.

Por todo ello, y porque se acerca el momento cumbre del consumismo occidental, me da por pedir. Y les pido a los taxónomos (igual me da que sean de Oriente) que dejen de cambiar los nombres de páridos y tritones, y arreglen el desaguisado de los glotones. Macromustela borealis estaría bien: indica que el bicho es un mustélido grande, y que vive en latitudes altas del Hemisferio Norte. Estoy además seguro de que mi propuesta es un desastre. Poco más o menos como Gulo gulo.

Estamos en el Siglo XXI (cierto, unos mucho menos que otros). Si quieres saber qué es un Gulo gulosi quieres saber qué comen las arañas, si quieres saber cómo son los virus de la gripe y por qué se llaman H1N1 o H5N1, si quieres saber quién cuenta cuentos o canta  milongas, si quieres saber, pregunta a los investigadores, míralo en los libros, búscalo en Google Académico. Los que no quieran, que se lo pierdan. Pero no dejemos que vendan monstruos a los niños.

PS 2013.12.21 12:15: ojo al comentario de Sergio que apunta una acepción mucho más apropiada para garrulus.

Notas y referencias:
1- No sólo los occidentales, pero este blog es un pasatiempo del que escribe, con sus sesgos y errores.
2- Nada más lejos de mi intención culpar a los naturalistas de los S. XVIII y XIX de lo que no era sino la pátina cultural en la que crecieron. Bastante hicieron.
3- No voy a discutir aquí si los animales tienen o no moral. En cualquier caso, por definición, la moral de una araña sería arácnida, no humana.
4- No, creer cuentos de viejas no es necesario para tener éxito, ni aunque hayas entregado tu alma a la biotecnología.
5- Breitenmoser U. 1998. Large predators in the Alps: The fall and rise of man’s competitors. Biological Conservation 83; DOI: 10.1016/S0006-3207(97)00084-0

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6 respuestas a Y los glotones se llamaron lobeznos

  1. elen dijo:

    Gulo gulo esta bien porque hoy ya nadie sabe latin y no saben que significa:esta repetido como el nombre del oso, con sus variantes latin y griega.total en españa no se ve no.a mi me gustA althedo athis.
    /

    Hg

  2. Bea dijo:

    Me encanta esta entrada Mario. Y estoy mucho más que perpleja con la definición de garduña según la RAE.

  3. Sergio dijo:

    Muy buena entrada.
    Sólo un matiz, Garrulus viene de gárrulo y no de garrulo, que dicho de un ave es que canta, gorjea o chirría mucho… bastante apropiado para el arrendajo, ¿no?

  4. Pingback: El riesgo de manipular animales | Cantabricus

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