Conservación sonriente

Por Mario Quevedo, en Cantabricus
Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

Dícese de aquellas acciones que, amparadas por la Biología de la Conservación, buscan mejorar el estado de conservación de una especie, si bien evitando entrar en conflicto con los grupos de presión más molestos de la zona. La propia naturaleza del término determina que habitualmente las acciones propuestas no se dirijan a la raíz o raíces del problema.

Eso es lo que yo entiendo por Conservación Sonriente, y así propongo que se acuñe y contemple de esta hora en adelante, si bien con copyleft.

Soy consciente no obstante de que nunca fui el  primero en clase, y de que somos muchos escribiendo por ahí, así que no me extrañaría nada que el término estuviera ya más que inventado sin ser yo consciente. Y en la definición incluyo solamente aquellas acciones bien intencionadas; no incluyo otras en las que el promotor sabe perfectamente que no servirán para el fin declarado, sino sólo para apropiar o desviar dinero público o privado. Eso es corrupción, y ya está inventado.

OK, al grano: a los conservacionistas se nos acusa a menudo de ser adictos a las malas noticias. Personalmente creo que hay algo de verdad en tal acusación; profesionalmente sé que las noticias son en general muy, muy malas (mirad este ejemplo calentito). Algo así trataba CJA Bradshaw en una de las entradas del fantástico ConservationBytes.com, con el apropiado título “¿Por qué se levantan de la cama los científicos conservacionistas?“.

Y no deja de preocuparme un poco que lo que sabemos porque estudiamos y trabajamos sea negado por la mala prensa que tenemos.

Es necesario por tanto que tanto profesionales como aficionados seamos conscientes del peligro de ser excesivamente eficientes al cantar las malas noticias, e ineptos al reconocer las buenas. De eso iba este trabajo de Garnett y Lindenmayer 2011 (aunque me espanta el título; el trabajo de los investigadores en conservación es generar buenos datos y predicciones, no esperanza). En todo caso, es cierto que cantar malas noticias puede terminar siendo un requisito para ser admitido en el club de los Conservacionistas Verdaderos.

Pero la Conservación Sonriente se sitúa al otro lado del espectro. Y eso no es buena idea.

Me parece necesario y terapéutico sonreír, y más aún ayudar a que terceros sonrían, o incluso se partan la caja de risa. Pero es letal destinar fondos de conservación a acciones tangenciales a los problemas de las especies implicadas, tangenciales a la mejor teoría científica disponible. Mejor dicho, es letal dirigir los fondos de conservación sólo a la Conservación Sonriente. Me parecería buena idea, aunque con ello venda un poco de mi alma al diablo de las relaciones públicas, dedicar la mayor parte a la conservación necesaria, y otra parte a la Sonriente.

Dudando si poner ejemplos, he decidido ahorrármelos. Para no caer en las malas noticias, se entiende.

Conservacionistas, sonreíd 😀

Notas y referencias:
– Garnett ST, Lindenmayer DB. 2011. Conservation science must engender hope to succeed. Trends in Ecology & Evolution 26:59–60. DOI: 10.1016/j.tree.2010.11.009
– Llevaba tiempo con esto en la cabeza; hoy lo ha desencadenado un tuit de Pascual López-López, al que agradezco el estímulo.

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