Esos bichos peludos

Por Mario Quevedo, en Cantabricus

Revisando los contenidos de Cantabricus, creo que se nota que al que suscribe le da por protestar; se ve también que me gustan los bichos grandes, peludos, o plumíferos: lobos, osos, urogallos, etc.

Por eso esta entrada va de abejorros [i].

Imagina una reina de abejorro, de esas que te pasan zumbando al lado un día cálido de Febrero. Caminas con distracción y abandono por el campo, y su zumbante aparición te provoca un seudo-movimiento de huida, un reflejo descoordinado, algo patético, seguido de una comprobación furtiva de que ningún otro ser humano ha contemplado la escena. Compara, digo, esa reina de abejorro con una hormiga promedio.

Es un bicho grande; y peludo.

Es además un insecto; un himenóptero social, primo de abejas, avispas y hormigas, capaz de fundar y formar una colonia a partir de los huevos que transporta en su abdomen, y de controlar el sexo de sus descendientes y su papel en la colonia. Gran parte de esos descendientes serán hembras, concretamente obreras, cuya tarea diaria es ocuparse del bienestar de la colonia, entre otras cosas consiguiendo comida. Y esa es la clave: estos bichos comen esencialmente néctar, esas sustancias ricas en azúcares y sustancias aromáticas, proporcionadas por las flores o a veces por estructuras fuera de ellas (nectarios extraflorales) [ii].

¿Y a cuento de qué andan las flores dando azúcar por ahí, a cuatro bichejos? En biología, donde nada es sino a la luz de la evolución [iii], regalos los justos. Los regalos no aportan a priori más descendientes al que regala [iv], y por tanto no transportan el altruismo (a.k.a. buen rollo) a la siguiente generación. Hay que fijarse no obstante en que las flores son órganos reproductores, aunque a diferencia de lo que ocurre con los nuestros, tendemos a cortarlas, enseñarlas y regalarlas. Y esos abejorros de la casta obrera, concretamente abejorras, más pequeñas que la reina pero todavía grandes y peludas en el mundo de los bichos, son esenciales en esa reproducción: al llevarse el néctar ofertado por las flores, se llevan también el polen, los gametos masculinos de la flor. Y se los llevan hasta otra flor: la polinizan. Los abejorros son polinizadores especialmente importantes en ambientes templados y fríos; son por tanto especialmente importantes en la región eurosiberiana de la Península Ibérica, y en las montañas. Al menos 24 especies viven en la Cordillera Cantábrica [v].

Así y todo, dices que no te van los insectos. No, lo nuestro son los tigres del Amur y los tiburones oceánicos de punta blanca, en plan top predator, fauna emblemática. Pero mientras pensamos o miramos a esas grandes bestias procesamos con gusto una buena manzana, o unas almendras tostadas, o miel de brezo. Sin reproducción en las plantas ni tú ni yo estaríamos aquí. Por eso todos debemos respeto y atención a los polinizadores. Son esenciales en los ecosistemas naturales porque intervienen en la reproducción de las plantas; son críticos también en los derivados culturales de esos ecosistemas, donde se asientan multitud de cultivos necesarios para dar de comer a la tropa humana.

Y el caso es que hay preocupación por el estado de conservación de algunos polinizadores [vi]. Hace ya unos años, los británicos se preocupaban por los abejorros, con el llamativo título Where have all the bumblebees gone (emulando el título del clásico folk de Pete Seeger “Where Have All the Flowers Gone”). Y en USA hace también años que se preocupan por declives generalizados de abejorros [vii], e incluso por mortalidades masivas de las colonias domésticas, comerciales, de Apis mellifera [viii]. Unas cosas y otras llevan a que se hable con soltura de una Crisis de la Polinización; posiblemente con demasiada soltura [ix], como suele ocurrir cuando abusamos de eslóganes. Las causas de los declives son variadas; una obvia, la transformación de hábitats naturales, variados, en monocultivos. Otras incluyen parásitos y patógenos, y pesticidas [x]

Supongo que ese ambiente de preocupación general es favorable para que se adopten – o permitan – determinadas medidas de “gestión”, intervenciones raudas para solucionar humanamente los problemas humanamente generados. Tengo en la cabeza la proliferación de instalaciones con colmenas de abejas domésticas en la montaña cantábrica, pero hay muchos más ejemplos. Y no sé si es por genuina preocupación por la polinización, o sólo porque en general nos gusta eso de manejar, se reciben con aparente alegría esas instalaciones. No veo razón biológica para la buena acogida, y menos para los permisos otorgados para llevarlas a cabo en espacios protegidos [xi]. Y me explico, brevemente y recurriendo sólo a algún ejemplo de la literatura científica más robusta [xii].

Por un lado, las abejas domésticas compiten y pueden desplazar a los polinizadores salvajes [xiii]. Y como la competencia es habitualmente más intensa entre las especies más cercanas en filogenia y ecología, los abejorros y otras abejas silvestres reciben primero el golpe, viendo reducido su éxito reproductor en presencia de abejas domésticas [xiv]; incluso en aquellas regiones dentro del rango de distribución original de Apis mellifera [xv]. No creo que sea muy distinta esta historia de la protagonizada por los herbívoros domésticos y los salvajes: no sobra verde para tanta pezuña, no sobra néctar para tanta trompa.

Por otro lado parece una vez más un asunto de intervenciones “parche”, de conservación y gestión sonriente: se actúa sobre un problema en el medio ambiente – real o no – sin conocer las causas últimas del mismo y, por tanto, con reducidas posibilidades de solventarlas. ¿Existe un déficit de polinización en una comunidad natural? Si se comprueba que existe tal déficit (y excluyo las explotaciones comerciales del razonamiento) habrá que abordar primero el porqué, y después intentar recuperar las poblaciones de polinizadores salvajes. Si estos tienen problemas, ¿qué tiene de razonable ponerles encima colonias y colonias de abejas domésticas, de competidores generalistas?

Como en otros muchos casos, sería deseable que la gestión del medio natural en España se apoyara más en la ciencia, que para eso está. Concretamente en este contexto de polinización y abejorros, y sólo mirando en mi entorno más inmediato, hay investigadores dedicándole atención a estos bichos: Emilie F Ploquin defendió su tesis doctoral (pdf, 7 MB) sobre abejorros recientemente.

Acabo con un tono más positivo, que parece que las noticias lo permiten: mientras preparaba este texto entraba en mi campo de radar una nueva publicación de perfil alto y autoría múltiple (y además acceso libre), apuntando la recuperación de algunos polinizadores [xvi].

Que así sea, y se recuperen los polinizadores salvajes.

polinización

PS 2013.06.20: al escribir esta entrada no conocía el portal lepidopteros.com; contiene información e imágenes relevantes en este contexto de polinización y polinizadores. Aporta además detalles sobre la relación estrecha entre determinadas flores y sus polinizadores especializados.


[i] Aunque llevaba tiempo con esto en la recámara, lo escribo ahora motivado por algunos intercambios con Jorge Echegaray, Alberto Martínez Gándara y Pablo R. Solar, a los que agradezco el estímulo.

[ii] Néctar en Wikipedia en español, y mucho más completa en la Wikipedia en inglés.

[iii] Recomiendo leer la fuente original para poner la cita de Dobzhansky en el contexto correcto, evitando así abusar de la misma.

[iv] Si bien puede haber excepciones, especialmente en el caso de animales sociales, en grupos emparentados.

[v] Fernández Ploquin E. 2013. Desplazamientos altitudinales y características ecológicas de los abejorros (Bombus spp.) de la Cordillera Cantábrica. Tesis Doctoral, Universidad de Oviedo.

[vi] Potts et al. 2010. Global Pollinator Declines: Trends, Impacts and Drivers. Trends in Ecology & Evolution 25,  doi:10.1016/j.tree.2010.01.007

[vii] Cameron et al. 2011. Patterns of widespread decline in North American bumble bees. PNAS 108, doi: 10.1073/pnas.1014743108

[viii] vanEngelsdorp et al. 2009. Colony Collapse Disorder: A Descriptive Study. PLoS ONE 4:e6481, doi: 10.1371/journal.pone.0006481

[ix] Ghazoul J 2005. Buzziness as usual? Questioning the global pollination crisis. Trends in Ecology & Evolution 20, doi: 10.1016/j.tree.2005.04.026

[x] Gill RJ, Ramos-Rodriguez O, Raine NE. 2012. Combined pesticide exposure severely affects individual- and colony-level traits in bees. Nature 491, doi: 10.1038/nature11585

[xi] Entiendo que esas intervenciones requieren de la tramitación y concesión de los  permisos pertinentes. Por otro lado, no discuto aquí que puedan existir otras motivaciones para alegrarse de determinadas actuaciones (e.g., socioeconómicas).

[xii] La lista de referencias no pretende ser exhaustiva; puede haber muchas otras más relevantes o novedosas. Para ampliar contenidos, puede estar bien buscar alguna de las aquí citadas en Google Académico, y comprobar qué otros artículos relacionados la citan a su vez.

[xiii] Oigo a veces que en español es ortodoxo decir “silvestre”. Creo que particularmente en conservación y gestión la ortodoxia nos tiene ya suficientemente domesticados, y Silvestre era el gato al que Piolín debe su fama.

[xiv] Thomson D 2004. Competitive interactions between the invasive European honey bee and native bumblebees. Ecology 85, doi: 10.1890/02-0626

[xv] Goulson D, Sparrow KR. 2009. Evidence for competition between honeybees and bumblebees; effects on bumblebee worker size. Journal of Insect Conservation 13, doi: 10.1007/s10841-008-9140-y

[xvi] Carvalheiro et al. 2013. Species richness declines and biotic homogenisation have slowed down for NW-European pollinators and plants. Ecology Letters 16, doi: 10.1111/ele.12121

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5 respuestas a Esos bichos peludos

  1. Damián Ramos dijo:

    Enhorabuena Mario, excelente entrada, hacía falta algo así desde hace tiempo. Ahora lo difícil será hacérselo entender a los políticos españoles y europeos que están financiando proyectos de esos pa “arreglar” la naturaleza.

    • marioquevedo dijo:

      Gracias Damián. Una buena manera de empezar es que los propios técnicos y/o investigadores usemos más los datos y el conocimiento existente que la inercia; así las decisiones políticas lo serían en sentido estricto, y no apoyadas en pseudo-ciencia.

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