Utopías, menuda castaña

Por Mario Quevedo, en Cantabricus

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Recuerdo que hace ya  unos años me tocó dar una charla sobre bosques norteños, en la reunión de una asociación de ingenieros forestales. Alguien del público me llamó utópico. Más o menos por las mismas fechas, un compañero de trabajo me llamó “mirlo blanco”.

Y así entró el pragmatismo en mi vida. Está bien eso, un poco de cordura entre tanto lirismo y tanta chorrada filosófica, carajo, que estamos con prisa. Ha sucedido después en distintos contextos, un montón de veces.

Y de verdad que lo entiendo; está bien descrito incluso en la literatura científica (que pesao eh), lo he dicho más veces y lo cuento en clase: la biología de la conservación es una disciplina de crisis, es a la ecología lo que la cirugía es a la fisiología… etc. Ese argumento clásico y acertado no es mío, es de Soulé, de 1985 (pdf aquí a 13.04.2013)

Y aquí retomo la cita de arriba, que me gusta coleccionar y sacar a pasear frases bonitas. La utopía, como la wilderness de la cita, sirve para dar perspectiva. Indica lo que podríamos ser en ausencia de determinados condicionantes. Algunos de esos condicionantes serán, en cualquier momento discreto, fáciles de superar. Otros parecerán imposibles; unos pocos lo serán. Esa perspectiva es la que suelo buscar cuando digo cosas que, invariablemente, le sonarán utópicas a unos u otros.

Esa perspectiva es la que me parece que falta en la conservación en España. Y es una afirmación deliberadamente general, que ya sé que mucha gente trabaja bien y tiene más perspectiva que yo. Tengo la impresión de que la gestión monoespecífica se instala en el ideario y práctica general. Por definición de especie, eso resultará en que las acciones supuestamente favorables a unas irán en detrimento de otras. “A mis mariposas les vendría genial tal cosa”; “a mis oropéndolas tal otra”; “y no os olvidéis de compatibilizar a ese que muerde con el desarrollo sostenible”.

Y estaría bien saber, en general, cuál es la idea que perseguimos en conservación. ¿Cuál es la perspectiva, el punto lejano al que estaría bien llegar?

Así que sí, que entiendo las llamadas al pragmatismo. Sólo un apunte: especialmente en los últimos años en España oímos a diario llamadas de ese tipo: “dado el estado de la deuda pública, lo razonable es empezar a cobrar por determinados servicios sanitarios”; “la región está en quiebra, hay que recortar en educación y cultura, que no son esenciales”. A ver, que ya sé que no es lo mismo, que eso lo dicen los malos, que los pragmáticos que me dan collejas a mí son los buenos.

¿O será que todos somos un poco utópicos, pero mejor si no nos pilla muy cerca?

Puestos a seguir con la fantasía, estaría bien calmarse un poco, y no pretender tumbar ideas por utópicas. Mejor tumbarlas por falsas. Por lo demás, castaños y utópicos están aquí para quedarse.

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2 respuestas a Utopías, menuda castaña

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