¿Dónde se fueron los urogallos?

[Primera entrada redactada desde esta nueva plataforma, a la que he importado todas las entradas anteriores. El Cantabricus previo sigue disponible, pero no actualizado]
 

¿Dónde está la información de las administraciones acerca del estatus de la población cantábrica de urogallos, a finales del 2012?

Hace tiempo que no leo la versión de las administraciones acerca de cuantos gallos hay, y dónde están. De hecho, últimamente se oye poquísimo de los pájaros; será por el ruido. De vez en cuando siguen apareciendo las habituales – y políticamente socorridas – líneas tipo “manejo de hábitat”, “control de predadores” o “actuación para favorecer al urogallo”; pero no son esas historias a las que me refiero. Tengo en la cabeza más bien preguntas tipo:

¿Cual es el estatus de la población?
¿Continúa el alarmante declive? Aquel que mostraba una pérdida de ocupación de cantaderos ~50% entre principios de los ochenta y 2001, y otro 27% de caída adicional entre 2001 y 2007 (ver p. 5), en este último caso en los cantaderos asturianos.
Si continúa el declive, ¿dónde es más acusado, dónde menos?

O en mi opinión también pertinentes:

¿Qué efecto están teniendo las medidas de gestión?
¿Qué herramientas cuantitativas permiten medir el éxito de esas medidas y, de ser necesario, discutir otras?

Y tengo interés en la versión de las administraciones públicas las que tienen la responsabilidad, el mandato, de conocer  el estado de conservación y la tendencia de las poblaciones de animales y plantas [1]. Entiendo además que han de informar al público de los avances conseguidos o, cuando menos, los esfuerzos invertidos. Y no me parece que lo estén haciendo, no al menos en el rincón noroccidental de España desde el que escribo (tierra de brujas donde nada está claro, como decían en la peli El Rey Pasmado).

¿Será que no es interesante saber cuantos y dónde? ¿O será que están muy ocupados “controlando” otras poblaciones?

Lo primero no creo. Y eso que no pocas veces he oído que, desde el punto de vista científico, es irrelevante contar animales. Ya veis, tonterías las tenemos que oír todos. Un tigre, dos tigres, tres tigres, trakatrá, no hay mayor demanda intelectual en la empresa de saber cuantos bichos hay. Por eso desde el bar todo el mundo sabe que hay más de todo. Posiblemente suene mucho más atractivo para un investigador decir que uno no cuenta animales o plantas, sino que trabaja en dinámica de poblaciones. A mi también me suena mejor, aunque se que sólo significa cuantos hay ahora frente a cuantos había antes. Es decir, contarlos dos o más veces e interpretar las diferencias.

El caso es que si uno no sabe cuantos individuos hay, ni dónde están, desconoce el estatus de la población; si se recupera, si sigue el declive; si ocurren extinciones locales,  si se colonizan nuevos parches de hábitat, o recolonizan los históricos. O si ese incremento o declive registrado tal o cual año entra dentro de las fluctuaciones habituales de la especie entorno a ciertos valores medios.

Y tampoco hay manera de saber si tienen éxito las actuaciones de conservación en las que se invierte dinero público o privado. Imaginad que se organiza -hipotéticamente- un programa de gestión para incrementar los juveniles que se incorporan a la población reproductora. ¿Qué números permitirán a los responsables decidir si el programa está funcionando, o si hay que probar otra cosa (principios de  manejo adaptativo ante la incertidumbre)?

No tengo conexión alguna con las administraciones; lo poco que sé, lo leo en la prensa, o lo oigo a través de la parra (que decía Marvin Gaye). Pero lo que oigo no puede ser bueno. Es malo, muy malo que se paren los seguimientos de fauna y flora, especialmente de especies en estado de conservación “delicado”. Urogallos; salmónidos; pícidos; aves marinas; flora amenazada; especies potencialmente invasoras… Poned aquí vuestra especie o  grupo preferido si me lo he dejado.

¿Será por la crisis? No cuela, las administraciones tienen dinero para pagar eso que llaman controles de población de lobo, y otras corruptelas chapuceras. Son decisiones políticas las que ponen el dinero en un sitio, y lo quitan de otro. Que se conforme el que quiera. Por mi parte, ya que pago impuestos, me gustaría que una parte de ellos siguiera financiando los programas de seguimiento, ya sea con las habituales asistencias técnicas o aumentando el personal propio de las administraciones.

Y no es bueno que se paren los programas de seguimiento porque no se puede hacer conservación sin datos (más allá de los autos de fe, que no contemplo como herramienta de gestión de fauna y flora).

Por definición de especies raras y amenazadas, los datos obtenidos no tendrán la calidad ideal. Rara vez permitirán tomar medidas de gestión con todo controlado; así y todo, son esenciales. Y precisamente porque los datos obtenidos acerca de esas especies “difíciles” tendrán un alcance limitado, mayor importancia cobran las series temporales largas. Esas series largas permiten extraer información útil de los complejos patrones habituales en la ecología de poblaciones, más allá de las fluctuaciones a corto plazo. Esas series, que cuestan además tanto esfuerzo, no deben interrumpirse tirándolo todo por la borda. Son los mimbres de la gestión futura.

¿Dónde se fueron los programas de seguimiento?

[1] Ya se que hay ONGs que también hacen estas cosas. Pero dudo que una ONG pueda ocuparse del seguimiento de determinadas especies que, por su rareza y hábitat, requieren un esfuerzo constante y una financiación importante. Y desde luego no cabe pedirles responsabilidades por ello. Bueno, a no ser que lo hagan con dinero público como podría hacerlo una consultora ambiental. 

Termino de escribir esta entrada el 14N, precisamente porque estoy en huelga y tengo más tiempo para estas cosas.

Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a ¿Dónde se fueron los urogallos?

  1. Rober dijo:

    Muy buen artículo Mario. La Administración asturiana como siempre luciéndose en estos temas. Inaudito.

  2. Juan Manuel Pérez de Ana dijo:

    Muy interesante.

  3. Claro y conciso, es un aplacer leer unos artículos tan cabales.
    Un saludo

  4. Pingback: El lobo que se fue a Jutlandia |

  5. Pingback: El Cuarteto Maléfico y la conservación del urogallo | Cantabricus

  6. Pingback: Un debate sobre la conservación del urogallo cantábrico |

  7. Pingback: El lobo que se fue a Jutlandia | mario quevedo

  8. Pingback: A ver la ballena | Cantabricus

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s