Biodiversidad: escala espacial

Termino con esta entrada la serie dedicada al resbaloso término biodiversidad (entradas previas: primera y segunda).

Decía anteriormente que para que biodiversidad sea útil, es necesario referirse a un contexto. Especialmente, hay que establecer una referencia temporal si queremos discutir sobre el significado o la causa de que en un territorio y momento dados haya más o menos biodiversidad.

Lo mismo cabría decir de la escala espacial. La diversidad de especies – insisto, la parte más prensil del concepto biodiversidad – puede y debe considerarse a distintos niveles jerárquicos. Utilizando un símil fotográfico, podemos empezar pensando en esa foto que tomamos con la cámara de un móvil.

¿Cuantas especies veríamos? ¿Más que en la foto de otro sitio, o menos?

Debemos seguir considerando qué pasa si descargamos una ortofoto a escala 1:25.000 que incluya ese mismo sitio de la foto del móvil, y los sitios adyacentes. ¿Encontramos más o menos especies que en otra ortofoto tomada a la misma escala?

Incluso podemos subir otro peldaño, y considerar una imagen tomada por alguno de los múltiples satélites disponibles, y que incluya las anteriores, más pequeñas. Digamos que miramos a escala topográfica 1:200.000 o 1:1.000.000. ¿Más especies que en otra imagen de satélite de otro lugar, o menos?

En todo caso, no será difícil acordar que no debemos comparar el número de especies obtenido en la imagen del satélite -si fuera posible estimarlas- con el obtenido con la cámara del móvil. Estaremos de acuerdo por tanto en que la escala espacial importa. A no ser claro que las tres imágenes se refieran a territorios tan homogéneos que desde el móvil podamos ya describir la riqueza de ambientes y organismos asociados a ese territorio. No se me ocurre ningún ejemplo.

En Ecología se enseña habitualmente que la diversidad de especies tiene tres componentes, relacionados con la escala espacial: diversidad α, β y γ.

Diversidad α es la que más habitualmente manejamos, al menos mentalmente: cuantas especies encuentro en un sitio determinado, idealmente contadas teniendo en cuenta un determinado esfuerzo de muestreo, y referidas a una unidad de superficie. Cuando oímos, por ejemplo, “las plantaciones de eucaliptos contienen menos especies que los bosques adyacentes”, suena a diversidad α.

La diversidad β es un concepto menos habitual: mide la diferencia en la riqueza de especies entre distintos hábitats en un ecosistema, o entre distintos ecosistemas en una región. Siguiendo el ejemplo anterior, al mirar la ortofoto nos podríamos preguntar cual es la diferencia de especies entre esa mancha forestal y el prado adyacente. β es máxima si el bosque y el prado no comparten ninguna especie, mínima si están las mismas especies en ambos hábitats.

Para la diversidad γ usaríamos la imagen de satélite, y evaluaríamos la riqueza de especies de los distintos ecosistemas que aparecen en esa imagen, en la región de interés. Así, y sin ir muy lejos de mi casa, la diversidad gamma de las montañas cantábricas deberá incluir las especies de los bosques de hayas, de los bosques robles, de los matorrales de Erica, de los de Genista.

Y la de lagos, charcas y turberas. Y… 

Si seguís aquí, y pensáis que esto es un follón, estamos de acuerdo [1]. En definitiva, planteo dudas sobre el uso del término biodiversidad, especialmente como herramienta de evaluación del estado de conservación (en entradas anteriores contemplo alguna alternativa). Aunque intento basar lo que aquí escribo en conocimientos bien establecidos, no descarto que mis propias manías afecten al discurso.

Eso si, úsese biodiversidad como se quiera, no cabe defender su conservación pidiendo a la vez la erradicación de parte de los componentes de la misma; al menos no sin engañar al personal.

Que cada uno sustituya componentes por sus ejemplos preferidos.

Al contrario, esto de la biodiversidad va más en la línea de la convivencia. Por eso es complejo. Por eso está en crisis.

Notas y referencias
1- Una revisión reciente del término biodiversidad (en inglés), en el capítulo 2 de Conservation Biology for All, disponible en la web: Gaston KJ 2010. Biodiversity. In: Conservation Biology for All (eds. Sodhi, N & Ehrlich, PR). Oxford University Press.

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