Cualquier tiempo pasado no fue necesariamente mejor

Por Mario Quevedo

Está cayendo una tromba terrible en términos de destrucción de la Naturaleza: explotación inconsciente en persecución del crecimiento económico continuo, gestión de espacios protegidos destinada a repartir fondos entre los grupos de presión más amenazadores… Cada  uno que elija su desastre fetiche.

Por eso no es fácil salir aquí y escribir nada optimista. No obstante, hay pocas verdades absolutas (si alguna), y esta entrada pretende destacar algunas cosas que si están mejor, a juicio del cenizo que escribe. Reconozco tener suerte: soy docente y trato con los futuros biólogos y técnicos forestales (si bien con los últimos mucho menos). Y veo que estarán mucho mejor preparados, más libres de dogmas rancios, aunque sólo sea por el apabullante acceso a la información del que disponen. El que quiere contrastar opiniones y datos con los que guiar sus decisiones u opiniones, puede. No es ese un avance menor. Y casi todo lo que diga para estudiantes en sentido estricto sirve para el público general.

Usaré para ilustrar mi caso un documento del pasado imperfecto, publicado en el volumen 436 de una tal Caza y Pesca, allá por 1979*. Creo que sirven para rescatar “el ambiente” de aquellos días, especialmente para aquellos que por edad no los podemos tener en la memoria.

El documento titulaba por aquel entonces El problema de los urogallos españoles: comentarios a una prohibición. La prohibición referida es la de seguir cazando pájaros. El autor auguraba en su introducción al tema que la polémica a la que va a dar lugar la prohibición de cazar al gran tetrao va a ser sonada. No tengo idea de si finalmente lo fue, pero la frase me sirve para apuntar que, en el pasado igual que ahora, los cambios normativos limitantes del impacto humano sobre la Naturaleza no se llevan bien. No obstante, el autor – que declara Dediqué a nuestro gallo salvaje buena parte de mi vida cazadora y no perdoné temporada sin hacerle “una visita de cortesía” – se mostraba  partidario de la protección total de los gallos, y lo hacía en Caza y Pesca. Y reconocía haber mantenido la postura opuesta mucho tiempo. Vaya por delante mi respeto. Pero no es mi intención repasar la prohibición de la caza del gallo, ni las opiniones que suscitaba. Más bien pretendo rescatar ambientes, modos, lenguajes y disponibilidad de información, a título comparativo.

Continua el autor aportando información: En España nos quedan, en números redondos, 1000 machos […]  y, haciendo un cálculo optimista, podemos evaluar la población de hembras en tres por macho, lo que nos da un total de 4000 ejemplares […]. Se refiere el autor a Pirineos y la Cantábrica, “censando” con contundencia y valor, y con optimismo. Afortunadamente, creo que la cuestión está ligeramente mejor en 2010: los estudiantes hoy en día escuchan que para saber cuántos gallos hay, hemos de contarlos. Otra cosa es que terminemos de decidir de qué manera obtenemos una estima fiable. Aprenden que contar animales salvajes, por simple que pueda parecer el reto intelectual, no es fácil. Ni barato. Escuchan también que hay que ir al campo a contarlos; y no de cualquier manera, sino con un protocolo repetible. Que tienen que tener en cuenta el esfuerzo invertido en la búsqueda de los individuos; que los individuos no tienen por qué estar distribuidos regularmente en el área de estudio, lo que no favorece la aplicación de las reglas de tres. Y escuchan que pueden encontrar, en bases de datos públicas, información acerca del último método “no invasivo” de recuento de individuos.

El artículo de Caza y Pesca mencionado pasa después a glosar las medidas de gestión del ICONA de la época: Son también altamente estimables las medidas de introducción en áreas óptimas, como Cameros o Ayllón, y su cría en cautividad. Tampoco sería desacertado reintroducirlo en las zonas cantábricas de reciente desaparición […]. Los estudiantes de hoy tienen mucha ventaja a la hora de juzgar medidas de gestión como la mencionada, con entusiasmo, por el autor hace 31 años: existen organismos internacionales** como la UICN que se dedican a recopilar y hacer pública la información sobre determinados grupos de animales y plantas, particularmente aquellos amenazados. Si así lo quieren, pueden consultar Planes de Acción que repasen si la cría en cautividad de una especie es una medida efectiva de conservación de poblaciones salvajes. Existen también sociedades y publicaciones científicas agrupadas en torno a una disciplina joven, la Biología de la Conservación, identificable como tal desde poco después de que se publicase el artículo reseñado. Hay mucha gente trabajando para avanzar en el conocimiento específico de los problemas asociados con las poblaciones escasas y / o en declive.

¿Qué más diferencias? Una de mis favoritas se refiere a la forma de mirar al pasado. Mejor dicho, a la propia definición de “pasado”. Escribe el autor acerca de lugares comunes, muchos de los cuales han llegado inmutables hasta 2010: Es bien cierto que las poblaciones ibéricas de gallos silvestres son una reliquia de la última glaciación […]. Compárese con Finlandia, donde tienen su paisaje típico. Aquellos estudiantes con una conexión a Internet estándar y un poco de curiosidad encontrarían fácil descubrir que hay gente que ha trabajado para saber qué animales y plantas vivían en los distintos lugares a lo largo de la prehistoria. En poco tiempo llegarían a la conclusión de que los gallos han estado en la Cantábrica mucho antes de la última glaciación; borrarían el término “reliquia” del léxico medianamente técnico; concluirían además que las poblaciones de animales y plantas avanzaron y retrocedieron con el hielo, no siempre siguiendo patrones simples. Podrían incluso encontrar información científica cuestionando seriamente eso del “paisaje típico” boreal para los urogallos. Encontrarán y oirán en clase que el pasado en Biología de la Conservación no es sólo el periodo comprendido desde, por ejemplo, la producción del primer queso de Cameros. No. Antes de las queserías, de las majadas, de los pueblos, y del paisaje cultural que, en el mejor de los casos, contemplamos hoy en Iberia, ya había animales y plantas. Seres vivos cuyas poblaciones iban y venían en función del clima, de las interacciones entre especies y, a más largo plazo, de la Selección Natural. Más tarde, salieron Lucy y los suyos de África***.

Suficiente, que se me hace muy largo. Recomiendo la lectura del original, que contiene textos jugosos. Algunos quizá grotescos hoy, o al menos muy alejados de mi postura ética; otros sorprendentemente contundentes desde el punto de vista conservacionista, y de revisión de la propia postura del autor. Esto último es lo que más me llama la atención en estos días de pensamiento único. A ver si llegado el caso soy capaz de hacer algo parecido.

En definitiva, ánimo a los que trabajáis en el campo. Ánimo a los que intentáis divulgar Conservación de la Naturaleza, sea en blogs, en prensa, en publicaciones periódicas, en reuniones, o en la actividad diaria, exponiéndoos a comentarios despectivos, insultos e incluso amenazas. Algo va quedando. Y el acceso a esa divulgación está asegurado.

*  Gracias a Bea Blanco y Manuel González por el documento
**  Éste “internacional” no es del tipo “bienvenido Mr Marshall”, sino que identifica virtudes asociadas a la mayor independencia de opiniones no afectadas por idiosincrasias locales
*** Disculpas por la licencia antropológica absolutamente descuidada

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2 respuestas a Cualquier tiempo pasado no fue necesariamente mejor

  1. Rubén dijo:

    Te animo a que nos sigas instruyendo desde este blog, a que nos aportes otra visión de esos tópicos establecidos y a que fomentes esa preocupación y curiosidad por informarse, por cuestionar la información que se proporciona desde diversas fuentes y por sacar nuestras propias opiniones argumentadas, eso creo que es la clave (o al menos lo más parecido a ella) para intentar hacer las cosas bien.Gracias, un saludo, felices fiestas y un 2011 lleno de experiencias urogalleras y oseras!

  2. Formidable entrada, como siempre.Gracias.Felices Fiestas y mucho ánimo para 2011.

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