Falsa simetría y selección artificial

Por Mario Quevedo, en Cantabricus

Hace tiempo que no escribo aquí de lobos, o al menos esa sensación tengo. En realidad hoy tampoco va de lobos, sólo de fracasos y despojos sociales. Y como no hay nada bueno que decir, será corto.

Al parecer, se ha puesto de moda en Asturies colgar animales en las señales de tráfico; en el mejor de los casos, muertos. El último evento del que tengo constancia:

Esta “imagen” acompaña a una noticia en el diario El Comercio

Se escapa a mi formación y mayormente a mi interés entender las complejidades sociales de este tipo de fenómenos infranormales. Por eso, y por qué no, voy a especular un poco.

Diría que la falsa simetría ejercida por la administración asturiana en su interpretación de la participación pública está causando selección artificial, seguramente disruptiva¹.

Diría también que los principales medios de comunicación de la región practican de continuo la misma falsa simetría.

Ya se sabe, la selección natural es un mecanismo de evolución de poblaciones: maximiza la eficacia biológica de algunos individuos que presentan ciertos caracteres favorables en determinado ambiente, cambiando así la frecuencia de los caracteres en la población. La selección artificial no tiene por qué maximizar eficacia, pero sí la solemos usar para exagerar determinados caracteres.

Especulo yo con que asistimos a un proceso de selección artificial sobre los caracteres apreciables de la sociedad. Me explico: la actual tendencia de administración y medios de dar cancha a lo más cafre, a lo más soez; de definir (o consentir la definición) como radicales² a aquellos que defendemos que civilización y desarrollo no se consiguen asfaltando; de permitir que el chantaje y el insulto sean parte de los procesos de participación pública… esa tendencia, digo, desplaza la frecuencia de expresión de los caracteres de la población, y permite que sean noticia habitual los vómitos de las alcantarillas.

[1] Selección natural y sus variedades, así como selección artificial y falsa simetría, son presas fáciles en Google y Wikipedia. El que quiere aprender lo tiene hoy fácil. El que no, al parecer también.
[2] Si el centro es el de la imagen, agradezco el término.

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Los hombres que no amaban las flores

Por Mario Quevedo, en Cantabricus
Tiempo estimado de lectura: 7 min

Un título más ecuánime habría incluido “mujeres”, pero no recordaría a aquel otro novelero. También en el ámbito de las aclaraciones previas, esta entrada no va de salvajina, montañas, reservas etc., asuntos habituales aquí¹. Y, por otro lado, incluye mucho más color.

Para acortar al contexto, adjunto foto:

Nel campu nacen flores

Foto 1: Orquídeas (Serapias), botones de oro (Ranunculus), búgulas (Ajuga), y gramíneas varias en el Cabo San Lorenzo (Xixón).

El mensaje de la foto no tiene complicación; como dice el cantar astur, Nel campu nacen flores.

Sí, nacer vaya si nacen; o mejor dicho, germinan las plantas, crecen y florecen. Otro cantar será saber por qué vemos tan pocas flores en los espacios públicos, en los parques y jardines. Ya adelanto que no lo sé, y que me gustaría no tener que saberlo. Otra versión de la misma pregunta sería por qué duran tan poco las flores. Y, finalmente, ¿a quién molestan las margaritas, los dientes de león, las verónicas?

veronica2

Foto 2. Florines nel prau.

El caso es que este asunto, de apariencia seguramente menor, me recuerda a otras dos ideas más generales, que creo haber mencionado aquí en otras ocasiones: los bucles de manejo, y la dicotomía land sharing / land sparing2 en la interfase entre conservación y extracción sostenible. Volveré a ellas luego, cuando no proceda.

Foto 3. Prao de diente en las afueras de Oviedo. A: zona reservada en los últimos días. B: zona pasteada por las frisonas del vecindario.

La foto 3 de esta entrada muestra un prao de diente: un terreno cubierto de especies herbáceas, dominado numéricamente (asumo, no las conté) por gramíneas (la hierba), y destinado al forrajeo de animales domésticos. En este caso, unas frisonas lo pastean habitualmente. Es evidente el efecto del pasteo sobre la altura de las gramíneas, y sobre la presencia de flores. Y si hubiera más animales, o pasaran más tiempo comiendo en una zona concreta, seguramente veríamos sólo una superficie uniforme de hierba corta. El objetivo al que se destina esa superficie está claro; de qué depende la presencia y duración de las flores, también.

No veo tan claro en cambio el uso de zonas en la foto 4, a continuación. El entorno de ejemplo, simplemente por cercanía física, es el Parque del Oeste, en Oviedo; tiene al menos 51000 m² de zonas abiertas, cubiertas de hierba. Ese cálculo rápido hecho con Google Earth no incluye las partes más bajas, próximas a la vía pública, a los columpios, escaleras, etc. (~6000 m² destinados a lo mismo).

Foto 4. En la parte superior, terrenos del Parque del Oeste. En la inferior, terrenos del entorno de las piscinas (municipales) del mismo nombre.

La imagen muestra cuatro sectores de terreno, muy próximos a la foto 3 (~120 metros del centro de 3 al sector C en 4); ambas fotos están hechas con dos días de diferencia. Sector A: zona empinada (> 50%) en la que desde hace años se suceden desbroces, rociado con algún producto desde contenedor verde mochilero, e incluso retirada manual de equisetos etc. Un importante esfuerzo por conseguir que no crezca casi nada, tarea naturalmente difícil dada la combinación de humedad y temperatura en esta zona de Asturias. Sector B: no parece necesario describirlo; no me consta más uso que la propia siega. Sector C: cuña de terreno colonizado hace años por la especie invasora Cortaderia selloana; nunca he observado gestión alguna. Sectores D y E: zonas abiertas al público del Parque del Oeste; presentan habitualmente hierba muy corta y sí, algunas flores. Las pendientes alcanzan 35% en D, bastante más en E, surcada por una actuación de moda en taludes últimamente. En la zona D florecen, cuando las dejan, muchas cosas. Las fotos 4, 5 y 6 a continuación están hechas, en distintos momentos, en las cercanías de la letra D (foto 4). La 7, bajo el parche de robles cercano .

Ophrys2

Foto 4: Orquídea en el Parque del Oeste (Ophrys).

androrchis

Foto 5: orquídea en el parque del Oeste (Androrchis, creo)

veronica

Foto 6: una pequeña Veronica, en el Parque del Oeste.

scilla2

Foto 7: Scilla verna; sí, en el mismo Parque del Oeste.

Esa zona D es un prao público estándar; de esos que usamos para dar un paseo, sentarnos un rato, hacer unas fotos a las abejas, jugar a la pelota, o mostrar intuición para esquivar cagadas de perro. ¿Cual es la razón de que haya que contar los días entre las pasadas de maquinaria para ver margaritas y botones de oro? A diferencia del prao de la foto 3, no hay producción agropecuaria. Dada la pendiente, el uso bronceador o yacente prolongado está limitado a algunas zonas llanas (que nunca están concurridas). ¿Qué objetivo de extracción, de estética, de metafísica, lleva a pelear tan duro contra las plantas?

A falta de respuesta formal, diría que la razón del aspecto de los sectores B o D en la foto 4 puede ser un bucle de manejo: el objetivo es mantener una actividad, por la razón que sea; y esa actividad requiere para su propia viabilidad actuaciones repetidas, frecuentes. En este caso concreto, el discurso podría ser el familiar “¿Por qué siegas tan pronto? Porque si lo dejo más tiempo luego no entra la máquina”. Habría que cambiar de máquina. O incluso prescindir de ella, y usar la hierba para objetivos concretos. Y si alguien considera gran idea mantener los parques como un campo de hierba artificial, estaría bien saberlo, y poder discutirlo abiertamente; entiendo que pagamos operarios, segadoras y herbicidas entre los contribuyentes.

En estos días de secuela de campaña electoral tendremos ocasión de oír el término “biodiversidad” aquí y allá. No mucho, y sólo ante determinado público, pero son pocos los candidatos que se cagarían en la biodiversidad abiertamente (sí, en el Parlamento Asturiano sigue habiéndolos). Habrá que decirles entonces que la diversidad biológica y sus beneficios no son necesariamente costosos; que no hay por qué relegarlos a esa reserva que pocos visitarán3. Máxime cuando, como es el caso, dudo que existan intereses contrapuestos reales.

No se me ocurre razón alguna para que, en algunos parches, las plantas puedan desarrollar su ciclo completo de crecimiento, floración, polinización, fructificación, dispersión de semillas, y germinación de los nuevos individuos (a diferencia del rebrote vegetativo o la multiplicación clonal de los ya presentes). No se me ocurre razón para además no beneficiar así a las muchas especies de polinizadores que necesitan el néctar de las flores para sacar adelante su propio ciclo de vida. Sin flores no hay polinizadores, así que si te cepillas las flores estás cepillándote una trompicada de la mediática biodiversidad, sin beneficio alguno, y con perjuicio de todo aquello que requiera polinización (desde los geranios al huerto local).

Ñam ñam

Foto 8: Sírfido a la caza de su Stellaria

No se me ocurre razón para no usar esos espacios como terreno de prácticas, para estudiantes de todos los niveles; a tiro de piedra de las aulas, y sin quitar el mandilón. Cambiar el pogüerpoint del pistilo y los estambres por estambres y pistilo reales, en el prao adyacente. No se me ocurre razón para no levantar el pié del manejo en esas cuestas de hierba, que agradecerán raíces más profundas que agarren el suelo. En definitiva, pregunto: ¿Dónde están los jardines de los parques? ¿Dónde los jardineros? Estarán quizás cambiando pensamientos (variedades cultivadas de violetas…) de rotonda en rotonda…

Nada del otro jueves lo planteado aquí; nada problemático. Mencionaba antes la dicotomía land sharing / land sparing²: discute qué modelo de reparto territorial le vendría mejor a la diversidad biológica, mientras se mantiene la producción. La podríamos traducir como “compartir” frente a “reservar”, insisto, obteniendo en ambos casos el mismo rendimiento extractivo. En un entorno urbanizado no es ya posible el modelo “reservar”; y quizás sea una exageración siquiera plantear el debate. Pero dejar florecer parches aquí y allá en los rodales de hierba de las zonas urbanizadas4 me parece una aproximación más que viable al modelo “compartir”, rindiendo además zonas habitadas menos hostiles, más sostenibles.

Termino. Hoy mismo, justo antes de soltar esta entrada, era ya aparente alguna orquídea en la zona D de la foto 4.

ophrys2

Foto 9: Ophrys, creo

Actualización: 2016.05.12, 9:20 am

La orquídea de la foto anterior no ha durado ni 12 horas tras tomarla:

segadora

Buggie-segadora del tipo “Oviedo Ecológico” tomando medidas ante tanto tallo erecto.

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Notas, referencias
1. La frecuencia de esos asuntos en este blog, o en las preocupaciones que compartimos algunos, sirve a los amigos de la simplificación y difamación para pintarnos de “radicales conservacionistas”. Ya se sabe que ilustrar al que discrepa como simple o extremista es mucho más sencillo que argumentar por qué uno es complejo, o centrista.
2. Kremen C (2015) Reframing the land-sparing/land-sharing debate for biodiversity conservation. Ann NY Acad Sci 1355: 52–76.
3. No puedo evitar acordarme de aquello de Aldo Leopold: “relegar los grizzlies a Alaska es como dejar la felicidad para El Cielo; puede ser que nunca vayas”.
4. Especial dolor causa ver el proceso florífobo en los taludes de mi centro de trabajo, la Facultad de Biología, donde además la mayoría vamos a leer, escribir, e incluso pensar. No agradecemos las segadoras a motor de combustión. Una Ophrys similar a la de la foto de arriba se libra en los últimos años por el avance facilitador de la hiedra. Las Ajugas no tienen esa suerte.

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La tragedia de lo común

Mario Quevedo, en Cantabricus
Tiempo estimado de lectura: 5 min

Participaba hace días en una jornada de discusión titulada “Nuestros montes, nuestro futuro” que, más allá del título, entendí como un debate sobre problemas y propuestas de sostenibilidad. Una sostenibilidad en sentido laxo, socio-económico (profesionalmente estoy más cómodo con enfoques más restringidos).

Muy buena experiencia¹. Y no quiero decir que esté necesariamente de acuerdo con lo allí oído. Dado que me cuesta ponerme de acuerdo conmigo mismo la mayor parte de las mañanas, no soy muy de consensos; tienden a diluir las buenas ideas. Quiero decir que se puede montar una reunión de varias horas entre personas ligadas al sector productivo, a los servicios públicos, al activismo, a la academia, etc. sin necesitar la intervención de las fuerzas de orden público para que alguien pueda terminar una frase.

A lo que iba: durante la jornada surgió el asunto del título, aunque sin ocasión para entrar realmente en la idea. Tendríamos que empezar por aclarar el significado original de “lo común”, traducción ocasional del Tragedy of the Commons de Garrett Hardin (G. Académico encuentra pdfs del original, desplegando el enlace a todas las versiones encontradas). Como mero aficionado al lenguaje, no lo veo claro; the commons admite muchas acepciones en una búsqueda en mi diccionario online favorito. Desde “lo de todos” a “lo comunal”, refiriéndose esta última acepción – más restrictiva – a un modo de titularidad de tierras. Supongo que lo mejor es leer el original para saber de qué se ocupaba el autor; ya se sabe que en las idas y venidas de traducciones e interpretaciones las ideas se disfrazan. Releí así el original, publicado en Science en 1968, y sujeto posteriormente a infinidad de discusiones, revisiones etc. Casi al principio sitúa Hardin el problema de la sobre-población en un mundo finito, así que intuyo que su enfoque era más “lo de todos y de nadie” que “lo comunal”.

Pero la razón de rescatar La Tragedia de lo Común aquí, con la disculpa de la referida jornada de debate, es recordar dos o tres perlas de ese trabajo, a mi juicio aplicables a diversas disciplinas y de vigencia permanente. Esas perlas estarían en el centro de las discusiones sobre cuánto y cómo explotar recursos naturales. Vamos allá (entre comillas mi traducción libre del original):

– Casi al principio el autor se ocupa “de una categoría de problemas humanos que carecen de solución técnica”, definida como aquella que “requiere cambios sólo en las técnicas de las ciencias naturales, demandando poco o nada de cambio en los valores, ideas o moralidad”. Y se ocupa de esto por la existencia de una “asunción implícita en la literatura científica profesional y semipopular de que los problemas discutidos tienen una solución técnica”. Este último aspecto sigue siendo verdad en la literatura científica actual, en la que abundan propuestas de soluciones técnicas a problemas de raíz parcialmente política o sociológica; al menos en el contexto de la biología de la conservación y la sostenibilidad ecológica. Por un lado es posible que tenga que ser así, si las publicaciones deben seguir siendo científicas. Por otro se presta a seguir inventando la rueda sin afrontar los problemas de base. Un ejemplo podría ser la paradoja de avanzar y ocuparse de técnicas de cría en cautividad sin ocuparse proporcionalmente de los problemas que reducen la viabilidad de las poblaciones salvajes. Y estos últimos están casi siempre relacionados con asuntos humanos².

– Justo entre las argumentaciones más célebres del trabajo, en las que Hardin menciona las vacas y los pastos para ilustrar su problemática de lo común, me encuentro con un argumento que no recordaba: explica Hardin que cada individuo tratará de tener tantas vacas como sea posible en los pastos comunes, y que “esa situación puede funcionar razonablemente bien durante siglos porque las disputas tribales, el furtivismo y las enfermedades limitarán las poblaciones de hombres y bestias”. Es decir, es la perturbación la que mantiene lo común, y la estabilidad social la que lo pone en riesgo. Si no me equivoco, ese es uno de los aspectos que Ostrom cuestionó después.

Upland pastures

– Termino con la que creo que más se ajusta a los contenidos de la jornada de debate, y que coincide con algo que pretendí trasmitir en mi turno: “no es matemáticamente posible maximizar para dos o más variables al mismo tiempo”. Ese principio es bien conocido en los ámbitos de la ecología energética y la adaptación, y hablamos de “compromisos”: la energía destinada por un organismo a la reproducción limita la destinada por ese mismo organismo a otras actividades de su ciclo de vida; la adaptación a nadar en medios que requieren mucha capacidad de maniobra limita la capacidad de natación rápida sostenida. En el contexto de la explotación de unos u otros recursos podríamos ilustrar la idea pensando que la explotación de un monte por su madera limita la capacidad de explotarlo por los frutos o setas; la explotación cinegética de un territorio limita los usos recreativos como el senderismo o la observación de fauna.

Pon el ejemplo que quieras, pero no se puede tener todo. Habrá entonces que separar lo importante de lo trivial, lo sostenible de lo intensivo, y el medio del corto plazo. Y, en cualquier caso, leer la Tragedia original de Hardin: una chulada.

Notas, referencias:
[1] Lo más interesante que subjetivamente extraigo de la reunión es haber escuchado posiciones para mi novedosas desde el sector de la producción forestal; más compatibles con la sostenibilidad ecológica que las leídas habitualmente. Lo más triste fue que la salida de tono más notable proviniera de mi propio sector.
[2] Sodhi NS, Brook BW, Bradshaw C. 2009. Causes and consequences of species extinctions. In: Levin SA (Ed). The Princeton Guide to Ecology. Princeton University Press.

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Quémate la biomasa

Mario Quevedo, en Cantabricus
Tiempo estimado de lectura: 6 min

Biomasa, un término popular. Un término del que parece haberse apropiado la tropa más resolutiva, para despejar incógnitas.

Es comprensible; a quién más quién menos le da un arrebato de prisa y resolución de vez en cuando. Tanto el “voy a bajar 20 kg de aquí al verano” como el “voy a producir energía con los bosques de Caso¹” incorporan dosis importantes de resolución, de determinación. Y ambas decisiones incorporan biomasa.

O mejor dicho, pretenden quemarla. Una diferencia es que la primera versión de acto resolutivo es en esencia una decisión personal, intentas quemar tus kilos; la segunda versión es una decisión que afecta a lo colectivo, a lo común².

Como no hay prisa aquí, antes de empezar a rajar voy a repasar qué es biomasa, y cómo llega a serlo.

Biomasa es lo que está justo al otro lado de la necromasa. Materia viva, justo al otro lado de la materia muerta. Quemar biomasa significaría por tanto quemar tejidos vivos. Y lo de “vivos” no lo introduzco aquí por sentimiento aunque no me falte, sino por actividad; pero déjame volver a esto un poco más tarde.

Esa biomasa está formada por moléculas orgánicas, aquellas en las que el carbono es componente esencial. La grasa almacenada en Navidad es materia orgánica, biomasa. Seguramente los productos de desecho de la intensa actividad intestino-vacacional puedan ser considerados necromasa. Esas moléculas orgánicas son el  combustible del metabolismo; la ruptura de sus enlaces proporciona energía.

Una posibilidad a la hora de clasificar a los seres vivos es partir de cómo adquieren esas moléculas orgánicas. Así, hablaremos de autótrofos y heterótrofos. Productores y consumidores (gorrones). Tu eres heterótrofa, consumidora, gorrona. Tu existencia consiste en conseguir moléculas orgánicas sintetizadas por otros organismos: los autótrofos. Esos personajes dominan aquello de la fotosíntesis, término bien conocido por casi todos. Cuando tu planta de referencia – sea una Begonia en una maceta o un castaño en el monte – produce una nueva hoja, está produciendo biomasa; está utilizando la fotosíntesis para acumular moléculas orgánicas, y así crecer. Vuelvo aquí a la definición de biomasa: tejidos vivos.

fotosintesis

Si miramos esa ecuación de izquierda a derecha encontramos una simplificación de la fotosíntesis. Está por todas partes pero no por ello hay que dejar de admirarla: tu Begonia local produce azúcares, muy energéticos, a partir de luz, agua, nutrientes minerales, y del famoso dióxido de carbono.

Si miramos la ecuación de derecha a izquierda, también contemplamos un proceso importante: la obtención de energía a partir de la oxidación de moléculas orgánicas energéticas. Que un autótrofo, una planta, sea capaz de acumular biomasa depende de que sea capaz de producir más de lo que necesita gastar en mantenimiento metabólico. Si  maltratas tu Begonia, seguramente seguirá funcionando la parte izquierda de la ecuación, pero pesará demasiado la parte derecha, y en el mejor de los casos no crecerá ni producirá flores.

Y mientras el diletante está ahí con su académica combinación de números y filosofía, llega el think tank de turno y propone usar los bosques que quedan en una comarca para producir energía. Son gentes de acción, y ni siquiera distinguen la biomasa de la necromasa, pero eso son detalles sin importancia. Como la información me llega ya rebotada, pre-digerida por panfleto cuyo nombre no mencionaré, no sé como de genial es la idea. Así que planteo dos escenarios de genialidad decreciente:

Escenario 1: ya que existen chorrocientasmil toneladas de biomasa desaprovechada, cogemos los bosques que quedan en Caso, y los quemamos para producir energía.

Resultado 1.1: en el tiempo t=1 y como consecuencia de un arrebato en el sentido “derecha- izquierda” (de la ecuación), obtenemos un pico energético seguramente importante. Es súbito. El fuego quema, poeta. Resultado 1.2: en el tiempo t=2 nos desplazamos a quemar otra cosa, porque en Caso ya no quedan bosques.

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Posibilidad de aprendizaje 1.1: cuánto tardamos en reconocer algo parecido a bosque en ese concejo astur. Respuesta probable: no lo verán tus nietos. Posibilidad de aprendizaje 1.2: cuanto tarda UNESCO en retirar el título de Reserva de la Biosfera al desastre resultante. Respuesta probable: poco, aunque siempre más de lo que tardarías tu, que para protestar eres un rayo. Posibilidad de aprendizaje 1.3: cuánto tardan las reservas de agua en ser inservibles… No sigo, el escenario sería didáctico, de no ser por innecesario: el experimento ha tenido lugar innumerables veces desde la revolución industrial.

Escenario 2: los proponentes no son tan cafres, hombre. Es la prensa la que se apresura, en su ímpetu por crear opinión. Así, lo que plantean es uso sostenible; servirá de combustible lo que las plantas, los bosques, sean capaces de crecer al año. Te hablan entonces de usar los excedentes: sigue habiendo la misma superficie de bosque, sólo nos llevamos el crecimiento anual. Sólo quemamos lo que sobra de restar la parte derecha de la izquierda en la ecuación. Lo que viene a ser sostén.

En ese Escenario 2 necesitarán números muy detallados: cuánto crecen esos bosques por unidad de tiempo, y cuánto podemos entonces retirar por unidad de tiempo para que la explotación sea sostenible; qué demanda energética serán capaces de cubrir esos tejidos explotados como combustible (una casa, una aldea, un pueblo, 6 pueblos…); cuánto beneficio económico proporcionará la explotación, y a quién; cuánta inversión demandan al sector público; cómo competirán los productores con otras fuentes de energía; cuanto dejarán de ingresar los sectores más relacionados con los bosques; cuánto costarán aquellos procesos poco previsibles en cantidad pero obvios en calidad como el incremento de la escorrentía y la erosión. En fin, muchos parámetros tendrán, estos.

Resultado 2.1: la superficie cubierta por árboles es la misma. La superficie cubierta por bosques es mucho menor: los bosques no son parques, no  existen excedentes. Posibilidad de aprendizaje 2.1: cuánto tardan los sectores más conservacionistas en denunciar el incumplimiento de la Directiva Hábitats de la Unión Europea. Respuesta posible: antes de que te des cuenta.

Resultado 2.2: los tejidos vegetales disponibles para los heterótrofos disminuyen mucho, porque – recuerda – nos llevamos la producción, los excedentes. Posibilidad de aprendizaje 2.2.1: cuánto disminuyen las poblaciones de consumidores de la comarca, dependientes de esa biomasa (ciervos, corzos, torcaces, zorzales… pon el que quieras). Posibilidad de aprendizaje 2.2.2: qué especies explotadas dejan de ser explotables por la disminución de  sus poblaciones. Posibilidad de aprendizaje 2.2.3: qué y cuántas especies se extinguen en la comarca.

Resultado 2.3.1: la retirada de “excedentes” deja sin recursos a detritívoros y descomponedores del ecosistema forestal. Disminuye por tanto abruptamente el reciclado de nutrientes minerales, imprescindibles para la parte izquierda de la ecuación. Resultado 2.3.2: disminuye la productividad del sistema forestal, sobre la que se basaban los cálculos de sostenibilidad y rentabilidad. Resultado 2.3.3: cambia la composición del bosque, sobre la que se basaban también las premisas iniciales.

Posibilidad de aprendizaje 2.3.1: cuánto tarda el think tank en irse con el negocio y la música a otra parte. Posibilidad de aprendizaje 2.3.2: cuánto tardan los representantes locales en declararse engañados y abandonados por el desgobierno central.

Posibilidad de aprendizaje general: ¿es posible perder más los papeles?

Notas
[1] Concejo asturiano integrado en el Parque Natural de Redes. Muy recomendable.
[2] Da igual que una determinada finca sea privada; si la quemas, perjudicas al prójimo, al común.

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