Novedad: la política manda en conservación

Mario Quevedo, en Cantabricus
Tiempo estimado de lectura: 2 min

Precisamente ayer comentaba con amigos que no saco fuerza últimamente para escribir aquí, por las razones que sean. Los amigos rápidamente ilustraron, como no puede ser de otra forma, cuan preocupante les parecía el hecho, procesando otro frito de bacalao, y mencionando la suave textura del rebozo.

Sin embargo, nada como un discurso del Presidente del Gobierno de Asturias en la Universidad de Oviedo, en la que trabajo, para darme cancha. No se debe esperar gran cosa de estos discursos, pienso yo, más allá del tono de mitín campañero permanente, y los lugares comunes, ajustando cuentas con el mundo. Por eso me pasan siempre desapercibidos. Pero hoy les leo a mis vecinos de Geotrupes – gentes bravas donde las haya, que defender la naturaleza y la ciencia en Asturias es deporte extremo – que el Presidente del gobierno regional reutilizó en la Universidad un clásico en su repertorio: “la elección de cuánta naturaleza proteger es una decisión política, no científica”. Y enlaza Geotrupes a la prensa, que al parecer informa sobre el discurso.

Política de nivel, Yes we can. Creo que están a punto de sustituir aquellas citas de Luther King soñando por estas de Javier Fernández.

Dos aspectos me llaman especialmente la atención. Por un lado, que alguien de tal responsabilidad utilice el tiempo que le asignan en público para proferir obviedades sin recorrido. Por otro, que el Presidente y sus asesores decidan usar el estrado de la Universidad para cagarse en la ciencia. Que ya lo hacen desde hace mucho, omitiendo por ejemplo un plan regional de investigación y convocatorias asociadas de ciencia básica, es conocido. Pero ahora aprietan el acelerador. Pensándolo mejor, prescindo del plural; un Presidente tendrá quién le escriba los discursos, pero si los lee, son suyos.

Ilustro en cualquier caso la obviedad, solicitando del Presidente más coraje. Le propongo que la próxima vez diga algo así como:

la decisión de lo que se previene médicamente es política, no científica

Porque eso también es una obviedad, y es actualidad (no noticia) en Asturies. Presa de un imán en mi frigorífico descansa un papel recibido en la penúltima visita al pediatra de la Sanidad Pública (profesional al que agradezco su labor y su talante; los guajes van hasta contentos a por las vacunas). Dicho papel enuncia:

Información para las familias sobre la vacuna contra la MENINGITIS B

Las mayúsculas vienen en el original, que cuenta que dicha meningitis es

enfermedad infecciosa muy poco frecuente pero muy grave, que produce secuelas importantes y una mortalidad que ronda  el 10% (fallece 1 de cada 10 afectados)… Aunque nadie está libre de resultar infectado por el germen, la enfermedad principalmente afecta a niños pequeños y adolescentes, por lo demás sanos.

Hay mas información en el documento; está bien explicado, incluso cuando informa sobre el precio que tiene la vacuna en cuestión, no financiada por el Sistema Nacional de Salud.

El precio de venta al público es de 106,15 € por dosis. Por lo tanto, la vacunación completa de un lactante que inicie la vacunación en el primer semestre de su vida (4 dosis) supondrá 426,60 € en total.

Varias posibles lecturas. Una es que el ejecutivo astur no tiene potestad para incluir esa vacuna en su programa de vacunación. Tal supuesto restaría kilos de determinismo a la política de Fernández, tan potente ante el micrófono de la Universidad, ilustrando que no manda tanto y controla menos de lo que pregona. Otra posible lectura no la despliego, por obvia.

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No, Clarice; eso no potencia el medio ambiente

Mario Quevedo, en Cantabricus

Leo en prensa un par de titulares (uno aquí, otro aquí) sobre una remodelación del Gobierno de Asturias, en la que “Medio Ambiente” dejaría de depender de la Consejería de Medio Rural (quizás porque hay ambiente en otros medios), para integrarse como viceconsejería en, espera, espera, Infraestructuras (quizás porque crecen dientes de león bajo los viaductos). Bueno, cierto es que cambia el nombre de la nueva consejería a “Consejería de Infraestructuras, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente”.

Uno de los titulares incide en el nuevo reparto de competencias, nada nuevo bajo la niebla. El otro me llama más la atención, porque interpreta, o concede al gobernante, la intención de “potenciar Medio Ambiente”.

El que suscribe estaría encantado de contemplar tal potenciación de la política medio ambiental, aunque sólo sea porque soy padre, y la cosa me merece escanear el horizonte temporal. Pero no contemplo tal cosa. Me explico:

Por un lado, dice un amigo con mucha experiencia en esto de la gestión ambiental que la legislación ambiental española va por delante de la ordenación del territorio. Por tanto, esa ordenación territorial se debe hacer en base a normativa y objetivos de bien común ambiental. A partir de esa ordenación, bien ambientada ella, se decide qué infraestructuras son procedentes, dónde, y cuándo. Algo así como el inverso del nombre de la nueva consejería astur, o 1 / consejería.

Por otro lado, los nombres de las administraciones no dictan la política. Incluso si la nueva consejería llevase el “medio ambiente” por delante, no sería muy optimista, al comprobar que las personas implicadas son las mismas: idéntico máximo dirigente político, mismo subordinado del máximo dirigente (el consejero es un clásico del PSOE asturiano, al que no le conozco vocación ni competencia ambiental específica), similar organigrama de direcciones generales (basadas en cargos de confianza política – no ambiental – del máximo dirigente), y ningún incremento de recursos invertidos.

Ese incremento de recursos ambientales, ausente, demostraría una “potenciación de Medio Ambiente”: potencias la financiación disponible para incorporar personal que se ocupe de medio ambiente, potencias la financiación de programas de seguimiento y vigilancia de medio ambiente. Y si de paso potencias el cumplimiento de la normativa ambiental existente, te sales.

No, Clarice; en Asturies no se salen.

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Sobre intercambios demográficos en urogallos cantabricos

Mario Quevedo, en Cantabricus
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Recientemente salia publicado un trabajín en el que unos cuantos nos preguntábamos si los posibles núcleos locales de urogallos, al menos tal y como los percibimos los humanos, mantenían conexión efectiva entre ellos. La Oficina de Comunicación de la Universidad de Oviedo se hacía eco del trabajo, en español. Y Juanma Pérez de Ana traducía también el resumen.

Apunto aquí alguna cosa que seguramente quede difuminada en resúmenes, y más aún en las interpretaciones de los mismos en prensa, siempre mucho más rápida, inmediata. Y es que los resultados en trabajos de investigación son casi siempre progresivos; adiciones pequeñas al cuerpo general de conocimiento existente, no sustituciones del mismo. Incluso cabe perfectamente la posibilidad de que las adiciones sean incorrectas, y deban ser sustituidas tras el escrutinio o trabajo posterior. Siempre que pienso en estas cosas me vienen a la cabeza un par de fragmentos de Leonard Cohen (ojalá que su poesía me aceche siempre):

And love is not a victory march, it’s a cold and it’s a broken Hallelujah [El amor no es marcha victoriosa, sino frío y roto Hallelujah]

There is a crack in everything. That’s how the light gets in [Hay grietas en todo. Así se cuela la luz].

A lo que iba, que me atrapa la dispersión: los resultados se refieren a un área de estudio concreta, elegida porque desde que empezamos a arrimarnos por allí hace varios lustros (con Alberto Fernández, Bea Blanco y Adán Abajo, entre otros), nos parece que mantiene una dinámica distinta al resto del rango de distribución de la población cantábrica de feisanes. Elegida también porque para un proyecto como el que llevábamos entre manos no nos valían las ausencias: sin muestras no había resultados. Necesitábamos presencia suficiente de pájaros, no esporádica. Ese área de estudio, bien mapeada en la figura 1 de una publicación anterior de libre acceso, cuenta con una cobertura forestal muy superior a la de otras zonas altas de la Cordillera Cantábrica. Incluye además bosques mejor conservados, seguramente porque nunca han sido particularmente accesibles (esto merecería más vueltas, a ver si hay manera).

Por tanto, la línea esencial de “mantenimiento de flujo genético suficiente”, para afirmar que los bichos nacidos en determinados núcleos locales siguen viéndose – íntimamente – con los nacidos en otros núcleos, se refiere sólo a ese área de estudio, y a su paisaje. Se refiere a que los pájaros nacidos en Las Gallegas de Muniellos parecen poder llegar a L.leitariegos; que los pitos de Hermo llegarán a los altos del Alto Sil, donde encontrarán urogatsos.

Ni más ni menos. No dice, porque no puede, que el flujo genético entre núcleos locales haya sido y sea suficiente entre Hermo y Lena, entre Ponga y Sajambre, etc.

Sí me parece razonable extrapolar estructuras de paisaje y resultados, en el sentido de que trabajos como este sirven para decir algo así como “con esta estructura de paisaje, con este porcentaje de cobertura conservado, con estas distancias entre parche de hábitat a priori favorables, el flujo genético se mantuvo. Degrada más, y no estará garantizado”. Hasta que el siguiente trabajo confirme, enmiende, o invalide.

Sabemos además estos días alguna cosa más; podemos estos días empezar a poner números a esas distancias máximas de movimientos entre parches de hábitat de urogallos cantábricos. No obstante, esas partes del Hallelujah deben pasar todavía por las muelas, carniceras y correctoras, del escrutinio externo.

Hasta entonces, alón.

 

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Salmones social-comunistas

Mario Quevedo, en Cantabricus

Esos salmones, sí, no, esos no lo son¹.

En honor a la verdad, no puedo saber si los salmones son de izquierdas, o de derechas; no puedo saber si, de tener oportunidad de expresarse en nuestro contexto, optarían preferentemente por control y distribución públicos de los recursos, o si en cambio optarían por la vía de la liberalización. Lo que sí sabemos – ya que el conocimiento es de todos y está accesible – es que los incentivos económicos pueden provocar extinciones.

Saco esto a colación de una noticia en la prensa asturiana, según la cual el diputado Luis Venta (PP) afirmó en el Parlamento asturiano que la prohibición de comercialización de los salmones es un “capricho socialcomunista”. No conozco personalmente al diputado y, por tanto, no puedo saber de dónde procede el planteamiento. Sí en cambio puedo afirmar que ninguno de los que trabajan en la política asturiana tiene dificultades de acceso a la información, para formarse y contrastar ideas. Por tanto, voy a asumir que tira Luis Venta del mismo truco que usó un compañero suyo en la escena nacional, al tildar el cambio climático de invento “eco-comunista”.

El truco consiste en descalificar un planteamiento asociándolo con una etiqueta de sonido vejatorio para el que profiere la descalificación, sin entrar a discutir el fondo. Es un truco malo: ni la preocupación por las extinciones – sean locales o globales – es de izquierdas, ni evitar incentivos económicos en la extracción de especies escasas es un capricho.

Empiezo por el truco: es viejo, y lo usan (usámos, supongo) todos los supuestos bandos. Sin ir más lejos, algunos conservacionistas han utilizado la misma vía que Luis Venta para atacar otras ideas, si bien descalificándolas por conservadoras, no por progresistas. Por ejemplo, dijeron que la idea de las reservas naturales nacía de personajes con cariz religioso como John Muir, quién, dicen, “a los once años podía recitar la Biblia de memoria”. No discuten por qué la idea de las reservas es mala, venga de quién venga. De forma análoga, las ideas del filósofo naturalista Henry David Thoreau quedarían desautorizadas para los citados conservacionistas porque era un pijo al que su madre le lavaba la ropa. No estoy muy puesto en Thoreau, más allá de las citas célebres, pero he leído varios libros de Muir (Travels in Alaska, The Mountains of California) sin percibir que los planteamientos y la erudición contenidos en ellos tuviera que ser filtrada por la religión del ponente. Entre otras cosas, Muir estudiaba glaciares y árboles, lo que uno puede hacer bien independientemente de a quién o qué le rece.

Sigo con el no-capricho: que los incentivos económicos diferencian el comportamiento predador de los humanos del de otros predadores no es capricho, es un hecho demostrado².

En la naturaleza, por regla general, los consumidores (los predadores son un tipo de consumidor, como los herbívoros o los detritívoros) no usan un recurso hasta que este se agota, sino que cambian a otro más abundante cuando la eficiencia así lo requiere (aprovisionamiento óptimo, le decimos en biología). Esto se debe a que a medida que los recursos escasean, es necesario invertir más esfuerzo en encontrarlos y consumirlos, por lo que el rendimiento energético obtenido de los mismos disminuye. En ciertos comportamientos predadores humanos – sean los salmones cantábricos, el coleccionismo de mariposas, o las angulas – los incentivos económicos en forma de altos precios de venta de las “presas escasas”, compensan el incremento del coste de captura. Esa alteración del aprovisionamiento óptimo puede llevar a la extinción de las presas. Sobre estas cosas escribía ya en alguna entrada anterior, con más detalle. Así mismo, un artículo científico relatando esa alteración del aprovisionamiento óptimo, enlazado abajo, es de acceso libre en Internet. Está por tanto a disposición de Luis Venta, y de cualquier otra persona amante de los trucos.

Propongo reclamar que los representantes electos, que trabajan con dinero público, discutan el valor de las ideas, en lugar de arrojarse trucos cutres.

Notas, referencias:
[1] Recordaba justo al empezar a escribir aquella tortura habitual en los interrogatorios de la T.I.A. de Mortadelo, Filemón, y el Superintendente Vicente: le ponían al detenido aquella popularizada por Mari Trini, “esa chica sí, no, esa no soy yo”.

[2] Courchamp F, Angulo E, Rivalan P, et al (2006) Rarity Value and Species Extinction: The Anthropogenic Allee Effect. PLoS Biology 4:e415.

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